Carrillo Puerto y Alma Reed. La ‘peregrinización’ de la historia | Por Gilberto Avilez Tax

Posted on enero 05, 2018, 11:22 am
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Alma partiendo de Yucatán, octubre, 1923. Archivo personal de Michael Schuessler, fotografía que aparece en el artículo del mismo “Alma M. Reed. La Peregrina (1889-1966). Nexos, 7 de enero de 2017.

“Está en la naturaleza trágica de los apóstoles el que su calvario se conozca mejor que su obra”. Con esta frase se refirió Enrique Krauze de la muerte de Madero, ocurrido en “la decena trágica”. Sin ser radical en mis afirmaciones, tengo la leve sospecha de que, de algún tiempo a esta parte, con la preeminencia de la historia cultural, el periodo socialista yucateco, historiado desde diversos ángulos posibles (agrario, étnico, económico, político) por una cauda de historiadores del patio y por innumerables yucatecólogos, ha dado un giro hacia la historia de las “alcobas”, pero una historia no al estilo que nos enseñara Michelle Perrot, sino una historia de amores trágicos, pero vigorosos, pasionales, románticos, esperanzadores pero a la distancia. La distancia, sobre todo la distancia de la cual la propia Reed se dio cuenta desde la primera vez que oyó a Rosado Vega recitarle el poema “Peregrina”: “Se vieron pocas veces; se escribieron muchas. La suya es prueba del amor a distancia, del amor sostenido en luna de papel”.[1]

En mi muro de Facebook afirmé que, si me preguntan lo que pienso de “la Peregrina” y don Felipe, diría que muchos que no conocen la actuación revolucionaria del motuleño saben, por el contrario, al dedillo las pasiones otoñales de un cincuentón Carrillo Puerto por una treintañera gringuita. Al momento de conocerse, un día de San Valentín de 1923, en una velada para los “yucatecólogos” gringos que irían a trabajos arqueológicos en Chichén Itzá y cuyo anfitrión fue el gobernador socialista, Carrillo Puerto contaba con 48 años y Alma María Sullivan (el verdadero nombre de Alma Reed) tenía 33: 14 años, 7 meses y 7 días se llevaban.[2] Uno de los biógrafos más tempranos de Carrillo Puerto, describe que “el prócer”, un hombrón que rebasaba la altura promedio del yucateco de ese tiempo y de ahora, había adquirido, desde temprana edad, el “carácter de enamorado”, y que en su educación sentimental había pasado por una mujer mucho mayor que él, Mercedes Pachón, con la que seguramente aprendió las artes amatorias.[3]Seguramente que el aspecto alto y fornido que tenía a los 48 años, no habían pasado desapercibido para esta periodista del  New York Times que olía a los hombres con poder, y que venía siguiendo a los arqueólogos que trabajarían en Chichén Itzá. Carrillo Puerto quedó, era de esperarse, perdidamente enamorado de la joven periodista, y en un santiamén, a Reed poco le importó que el gobernador socialista estuviera casado y con hijos y a Carrillo Puerto mucho menos: la rapidez del amor es uno de esos misterios de la humanidad, y la nueva pareja en meses comenzó a hablar de planes de boda en San Francisco, California, de donde era originaria la reportera:

 

“Después de un intenso romance (la mayor parte a distancia) que duró menos de un año, la pareja decidió contraer matrimonio en San Francisco en marzo de 1924. Al consumar la boda, volverían a Mérida, donde Felipe ya tenía montada la “Villa Aurora”,  donde los dos empezarían su idílica vida en común, donde juntos, y para siempre, lucharían contra la explotación y las injusticias que aún dominaban las vidas de la mayoría autóctona del Mayab.”[4]

Menos de un año después, la rebelión delahuertista fue el momento propicio para que los barones del henequén, comprando a venales generalotes, defenestraran el gobierno “socialista” de Carrillo Puerto de forma radical: éste último fue asesinado con varios de sus hermanos y cercanos colaboradores. Momentos antes de su muerte, Carrillo Puerto llamó a uno de sus ejecutores y le puso un anillo en sus manos. Le dijo: Entrégaselo a Pixán (Alma Reed).[5] El amor, así como nos lo cuentan los biógrafos de Reed, sin duda resulta trágico.

Pero ese “amor trágico” ha sido romantizado hasta el absurdo de algún tiempo a esta parte. Alma Reed ha sido muy engrandecida por los de corazones sentimentales y los historiadores del estilo tvynotas (aquí no pongo en duda sus profundas ideas socialistas y su vena intelectual de la cual Carrillo Puerto seguramente se sintió atraído, aparte del claro lado físico). Para mí, no inclinado al torrente de la pasión amorosa, considero que ese “amor trágico” (¿trágico porque, como se cuenta, no fue consumido carnalmente?[6]) solo se trata de una anécdota de alcoba: lo de Reed es una simple pasión, la última gran pasión  de Carrillo Puerto salpicada de “internacionalismo”, de ideas socialistas y miradas de una californiana “mujer liberada” y que compagina perfectamente con lo que Elvia Carrillo Puerto, Raquel Dzib, Beatriz Peniche de Ponce y el movimiento feminista querían en Yucatán para la mujer yucateca; pero una pasión, desde luego, metida en la gran obra emancipadora del pueblo maya que llevó a cabo el apóstol rojo yucateco.

El maestro Ariel Avilés Marín, comentando mi parecer, me señaló que la relación de Felipe con Alma Reed era algo mucho más profundo. “Ella era una gente intelectual y socialista, y encontró en Felipe un ídolo a seguir, y por su parte Felipe encuentra en Alma una mujer que comprendía sus ideales y sueños”. Es decir, ¿María Isabel Palma Puerto, su legítima esposa, no comprendía nada del mundo que forjaba el marido? El mismo parecer es el del maestro Jesús Solís Alpuche: “Los desafectos al contenido social de la historia, sólo atribuyen romance, sentimentalismo y hasta sexo entre Carrillo y Alma Reed. No conviene percibir el nivel de intelecto y espiritualidad entre personas comprometidas por el humanismo y afines ideológicamente en la política”. ¿Es creíble esta aserción? No sé por qué esta idea de Solís Alpuche me recuerda los amores de Abelardo y Eloísa descritos en breves líneas por Octavio Paz:

“amar es desnudarse de los nombres:

“déjame ser tu puta”, son palabras

de Eloísa, mas él cedió a las leyes,

la tomó por esposa y como premio

lo castraron después; mejor el crimen…”

Respondí a ambos que estaba de acuerdo con sus opiniones, pero no habría que negar que la carnalidad no hay que omitirla.[7] También les manifesté que, a veces, entre el vulgo no interesado científicamente en la historia, se estudia y conoce solamente el árbol, desdeñando el bosque. Avilés Marín me indicó que, desde luego, habría que aquilatar cosas de la mayor importancia en la obra de Carrillo como las Ligas de Resistencia, los congresos de Ticul y Motul. O bien, “el resurgimiento maya” que fue posible en el breve periodo del gobierno del prócer yucateco.

Miguel Gallareta, por su parte, me indicó que hace falta todavía “un estudio serio y desmitificador acerca de la relación entre Carrillo Puerto y Alma Reed, más allá de la anécdota romántica que “Peregrina” (la canción) ha difundido por todo el mundo. Reducirla a una simple anécdota de alcoba empobrece el diálogo profundo que necesitamos para aproximarnos a la realidad. En efecto, abundan los intereses de personas y grupos que se empeñan en hacer prevalecer la superficialidad de un supuesto romance truncado, sobre la valiosa obra del más importante líder político que ha dado la Península de Yucatán. Corresponde a historiadores, intelectuales y políticos comprometidos con las causas populares (¿habrá alguno todavía?) revalorar las acciones del efímero gobierno socialista”.

“Peregrinizando” la historia del socialismo yucateco

En fin, sigo pensando que la relación de Alma Reed con el “soviet yucateco” ha sido más una construcción histórica promovida años después del “idilio salvaje”: se ha tratado de “peregrinizar” la historia socialista yucateca, o bien, se ha puesto en un nicho de virtudes al motuleño, obviando su vena autoritaria, o el hecho de que dejó esposa e hijos para vivir su amor atormentado los últimos días de su vida.[8] ¿Qué tanto sabemos de Mercedes Pachón, la madura mujer que inició al líder en esos intrincados campos del amor sexual?, ¿Qué dicen todos los biógrafos de María Isabel Palma Puerto, “la angustiada viuda del apóstol”? Casi menos que nada, estas mujeres, se convirtieron en las sombras de la Peregrina, fueron las mujeres dejadas, las mujeres que no entrarían al canon del feminismo radical, de la mujer liberada, y, por lo tanto, no significan nada en la nutricia senda de ideales y hechos del líder de Motul.

 

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La familia de Carrillo Puerto. Fotografía aparecida en el libro de Edmundo Bolio Ontiveros, De la cuna al paredón

 A mí, en lo personal, me da flojera esa historia que han confeccionado los intelectuales y jilgueros orgánicos del oficialismo (desde Edmundo Bolio, Castillo Torre, entre otros.), sobre la vida del “héroe” cuasi angelical, pero siento denodada repulsión por esa nueva historia del “amor trágico” de Carrillo Puerto y “la Peregrina”. ¿Cuándo comenzó este enfoque que ha dado preeminencia al idilio? Arguyo que con la misma gringa “de ojos claros y divinos” y sus declaraciones a la prensa y viajes frecuentes a Mérida: ella dejó una autobiografía donde escribió abundosamente sobre su “idilio socialista con Felipe Carrillo Puerto”. Esta biografía permaneció inédita, hasta que en 2001 fue rescatada, junto con otros papeles, por su biógrafo Michael K. Schuessler. Huchim cuenta este milagroso rescate:

“A Schuessler le resultó difícil hallar el manuscrito de la autobiografía de Alma Reed. El día que esta falleció, Richard Posner, su mejor amigo y confidente, acudió al departamento de la periodista en Río Elba 53 de la ciudad de México y recuperó diversos documentos suyos, entre ellos su autobiografía y cartas y telegramas de Carrillo Puerto. Posner los reunió todos en un sabucán (morral de henequén) y los llevó a su propio departamento. Treinta y cinco años después, en agosto de 2001, Michael K. Schuessler los encontró en el sabucán dentro del clóset de un departamento ya abandonado, entre almohadas y cobijas envejecidas. Fue un hallazgo oportuno porque dos semanas más tarde un aguacero dañó todas las cosas que estaban en el departamento”.[9]

En el sabucán vendrían, además de la biografía, las cartas cruzadas entre Reed y el “Dragón Rojo”. Biografía donde se conjuntaron los abetos y la nieve virginal con las palmeras y la tierra tropical. Hace siete años se publicaron otros papeles salidos de ese sabucán: el epistolario entre la “pixan halal” y don Felipe.[10] Sin duda, la letra de la Peregrina (no me refiero a la canción) ha contribuido para ese culto tipo “hollywoodense” de este amor truncado por la barbarie de la política.

Pero el origen de este culto, tal vez se remonte a los primeros años de la década de 1920 con la canción “Peregrina”, escrita por el poeta Luis Rosado Vega, a petición  de Carrillo Puerto[11] y con música de Ricardo Palmerín. Sin duda, esta canción –para mí, monótona y aburrida- engrandeció aún más esa historia “de amor” que “rompió” las barreras del derecho y de las buenas conciencias de una sociedad yucateca donde el divorcio era cosa de escándalo público. Desde luego que esta canción, rescatada su origen por la pluma de Rosado Vega y la misma Alma Reed (aunque sus versiones sean un poco distintas),[12] contribuyó sobremanera para ese halo de tragedia.  Hay que decir que Luis Rosado Vega fue un escritor muy dado a estar en buenos términos con el poder del “hombre necesario”: primero con Carrillo Puerto, pero después sirvió de “hagiógrafo” del gobernador cardenista del Territorio de Quintana Roo, Rafael E. Melgar. Resultan patéticas las muestras de zalamería y espíritu servil de Rosado Vega, recordando cómo fue gestada la canción de marras en una fresca noche de 1923. En calesa, Carrillo Puerto, Alma Reed y Rosado Vega, Alma en medio de los dos, se dirigían a la casa del músico Filiberto Romero. La noche era “espléndida” pues en la tarde había llovido copiosamente:

“Entramos al suburbio de San Sebastián. Con el aguacero de la tarde la tierra había abierto sus entrañas, y despedía de ella misma ese grato y sugestivo aroma de la tierra cuando acaba de ser fecundada por la lluvia. La vegetación que tupía en los solares regocijada por las aguas que la habían lavado, también hacía fluir el perfume de las florecillas silvestres las más, de sus retoños, de sus hojas… Y Alma dilató el pecho como para absorber a pleno pulmón aquellas fragancias, y dijo: ¡Qué bien huele!… Le salí al paso con una frase simplemente galante: Todo huele bien porque usted pasa. Tierra, flores, quisieran besarla, y por eso llegan a usted con sus perfumes. Dijo Felipe al punto: Eso se lo vas a decir en verso. Contesté: Se lo diré en una canción. Alma rió argentinamente. Así reía. Concluido el convivio, y ya en mi casa, compuse la letra. No podía olvidar a Palmerín. En la mañana siguiente lo busqué y se la di. Dos días después ya había nacido la canción. Y eso fue todo”.[13]

Muchos a los que les gusta esta clase de bodrios historiográficos, sabrán leerla con delicadeza. Eso está vedado para mí. Rosado Vega resulta un patético esperpento de intelectual orgánico, una pluma del hombre necesario.

Recapitulando, no niego, como me objeta el poeta Óscar Sauri Bazán, que don Felipe haya tenido su parte de hombre: no era un prohombre como nos lo cuentan cada tres  de enero los oradores del priismo, por supuesto que amó y odió a dos bandas. Mi crítica, más bien, va hacia esa obsesión de muchos, que restringen el análisis y restan fuerza al carrilloportismo y su tremendo significado para la historia de lucha del pueblo maya, dando importancia que no le corresponde al affaire que sostuvo con la gringuita. Esta visión empobrecedora del periodo socialista yucateco, ha hecho decir a tantos mentecatos, que FCP tuvo un “amor prohibido”, y que se dejó matar por la oligarquía porque quería irse a Cuba donde lo esperaba su amada inmóvil. Al saber que no podía llegar hacia ella, optó por el sacrificio. Esto es una verracalidad a la cual yo, desde luego, combato siempre.

No necesito decir, también, que Alma Reed, de un país capitalista al fin y al cabo, supo aprovechar, años después de la muerte de Carrillo Puerto, ese halo de haber sido la amante del gobernador socialista.

[1] Sara Poot Herrera. “Felipe Carrillo Puerto y Alma Reed. El amor en los tiempos de la cólera”. Revista de la Universidad Autónoma de México.

[2] Idem.

[3] Edmundo Bolio Ontiveros. “De la cuna al paredón. Anecdotario de la vida, muerte y gloria de Felipe Carrillo Puerto. Mérida, Yucatán, Compañía periodística del sureste, 1932.

[4] Michael K. Schuessler. “Alma Reed. ‘La Peregrina’’ (1889-1966). Nexos. 7 de enero de 2017.

[5] Eduardo R. Huchim. “La Peregrina del Mayab”. Letras Libres, 31 de mayo de 2008. Huchim se basa en el estudio introductorio que Michael K. Schuessler hiciera al libro Peregrina / Mi idilio socialista con Felipe Carrillo Puerto, de Alma Reed (Diana, 2006).

[6] ¿En verdad no fue carnalmente consumido? Francamente, dudo de esta aserción, conociendo el lado de don Juan del líder socialista.

[7] La moralina y el espíritu “loyesco” es muy común entre la izquierda yucateca.

[8] Cfr. Entorno a las florecillas del rosal. Aproximaciones a Felipe Carrillo Puerto. http://noticaribe.com.mx/2017/01/03/en-torno-a-las-florecillas-del-rosal-aproximaciones-a-felipe-carrillo-puerto-por-gilberto-avilez-tax/

[9] Eduardo R. Huchim. “La Peregrina del Mayab”. Letras Libres, 31 de mayo de 2008.

[10] Reed, Alma M. y Carrillo Puerto, Felipe. “Tuyo Hasta que me muera”… epistolario de Alma Reed (Pixan Halal) y Felipe Carrillo Puerto (H’Pil Zutulché). Marzo a diciembre de 1923. (Ed. Michael K. Schuessler y Amparo Gómez Tepexicuapan). México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2011.

[11] La conseja afirma que Rosado Vega le lanzó un piropo barrocamente poético a Alma Reed, y Carrillo, al escucharlo, le dijo que lo pusiera en versos.

[12] Luis Rosado Vega. “Cómo surgió la canción Peregrina”. Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán. Números 253-255. Abril-diciembre de 2010, pp. 29-31.

[13] Luis Rosado Vega. “Cómo surgió la canción Peregrina” …p. 29.

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