Circula en los mentideros de los comentócratas de oficio en Quintana Roo, que el número de la caballada priísta ha descendido: que Chano Toledo hijo ya no porque el caso de las hectáreas de Ucú que involucran a un hermano del secretario de finanzas borgistas lo maja, y mucho. Que Mendicuti tampoco, al igual que el gordito libanés de Chetumal: ambos no tienen capital político fuera de sus zonas de confort, de hecho, tal vez a “la Buchaca” sólo lo conocen bien a bien en su Barrio Bravo. Entonces, quedan dos, el cancunense Paul Carrillo y el de Solidaridad, Mauricio Góngora. Góngora a las claras se ve que no irá a la grande, no se le ve estatura necesaria, no obstante la puja que se gasta con dineros públicos. Entonces queda Paul Carrillo, un internacionalista de 44 años nativo de Mérida, un político con la pinta de galán de telenovela, como es el estilo mexiquense inaugurado en el peñanietismo.

Se dice que Paul Michel Carrillo Cáceres (apellido de alcurnia el Cáceres) es el menos malo de todos los jamelgos, y que no obstante que Borge y su mafia no lo quieren, la consigna tal vez venga de la mera Presidencia del país. Dicen que, en sus puntos positivos, está el de gobernar el municipio más grande de Quintana Roo. Más grande, moderno y poco anclado a las tradiciones y fidelidades políticas y, por ende, su inestabilidad ha generado las seguidas alternancias de gobierno. Cancún, desde luego, no es el Chetumal del tradicionalismo político priísta, aunque esta vez, dudo mucho que Chetumal siga en el marasmo y la inmovilidad política que acostumbra.

Sin embargo, no es necesario sacar la lupa para decir que Paul Carrillo tampoco es el menos malo, y tampoco creeemos que haya sabido gobernar el Cancún de la “acapulquización” contemporánea.

¿Es Cancún un municipio donde campea la gobernabilidad y la tranquilidad? Desde luego, si uno desconoce la escala de horror de los feminicidios en Cancún (2015 fue un año macabro), o si uno no comprende la magnitud de la descomposición social y de seguridad del Cancún maniatado por el narco en las “regiones del miedo” y las barriadas, si uno no sabe que mucho de la debacle ambiental -Tajamar es la punta del iceberg- se debe, entre otros gobiernos, al gobierno del represor Paul Carrillo, entonces sí, Paul Carrillo es un candidato idóneo.

El priismo quintanarroense, actualmente, no tiene un candidato menos malo, pero de uno de esos cuatro tendrán que elegir al jamelgo hipotéticamente idóneo para una gubernatura que hace tiempo que dejó de ser fácil para el priísmo local.

Comentarios en Facebook