C. Lic. Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos
Palacio de Gobierno, México D. F.

Con todo respeto a continuación expongo:

Los ciudadanos que como usted han llegado al pináculo de la vida pública republicana con la máxima representación que otorga el pueblo de México a un connacional, no están exentos de que vibre por su espíritu el más alto sentimiento que puede albergar el alma humana tratándose de un semejante que ha sentido en carne propia los escarnios más innobles que puede sufrir un ser humano pero sin jamás perder el espíritu combativo y la esperanza en la justicia.

Un hombre que ha sido vilipendiado, traicionado, que conoció el infierno de Almoloya, que ha pagado con creces la parte de la deuda que tenía con la sociedad y que ahora en la antesala del invierno de la vida y cuando su cuerpo sufre los estragos de varias enfermedades, pensamos que es merecedor de la elevada concurrencia de usted para que después del proceso de extradición a que será sujeto por parte de las autoridades norteamericanas, se le pueda conceder el beneficio del indulto o de compurgar la fase final de su condena en la tierra generosa que lo vio nacer después de transitar por un auténtico calvario.

Podrán algunas mentes enfermas de insidia aducir que Mario Villanueva Madrid no merece ningún trato especial por la naturaleza de sus desvíos avalados por impresentables testigos protegidos y ya anulados jurídicamente y para que hablar de la duplicidad de los hechos.

Podrían los puristas sentenciar que en un régimen de derecho nadie está exento de compurgar a cabalidad el castigo que la sociedad les impuso, pero con Mario este ha rayado en la insania y la crueldad inquisitorial propio de los tiempos de Torquemada; que sería un mal precedente si pudiera regresar, después de cumplir parte de su condena en la cárcel-hospital de Lexington Kentucky, al calor de su hogar chetumaleño como prisión domiciliaria aun cuando el artículo 55 del Código Penal Federal lo asiste jurídicamente para obtener este beneficio, podrán utilizar los sofismas más extravagantes, pero no dudamos que el imperio de la ley asistido por la mano de usted disiparía las malas voluntades y las nubes burocráticas para resplandecer en el firmamento de la justicia compasiva. Sr. Presidente Enrique Peña Nieto: se trata de un hombre enfermo pero de espíritu enhiesto después de librar la más terrible de las batallas.

Un hombre que no ha tenido punto de reposo a lo largo dieciséis años en su defensa personal avalada por una cantidad inconmensurable de documentos jurídicos que certifican su verdad, estudiando y terminando la carrera de derecho en la incomodidad de su celda para dirigir su propia defensa, que ha tenido la hombría de reconocer el lado poco claro de su proceder y ha pagado con dolor físico y espiritual su deuda social, conjunción que agrietó su salud de manera severa y ahora necesita el apoyo de medicamentos y el calor humano dado lo avanzado de sus enfermedades.

En esta tesitura Señor, la legión de amigos y simpatizantes de Villanueva Madrid nos preguntamos llenos de incertidumbre: ¿acaso ahora que regresa a México después de padecer física y anímicamente en tierra extraña pero teniendo la atención adecuada, será ingresado en alguna mazmorra o algún lugar impropio lo cual sería de fatales consecuencias dado la delicadeza de sus padecimientos?.

Señor Presidente de la República, que su espíritu de conmiseración se eleve sobre el fango de la estulticia, sobre los carentes de compasión que se irguen como modernos savonarolas para que siga la leña abrasando a fuego lento el cuerpo del impío, para que el castigo termine con la guadaña de la muerte en un acto pavoroso de impiedad humana.

Como amigo y compañero de pupitre del ingeniero y licenciado Mario Villanueva Madrid, al igual, estoy seguro, que los compañeros de la generación 60-63 de la Escuela Secundaria Adolfo López Mateos, nos unimos a la confraternidad de miles de amigos y simpatizantes de uno de los mejores gobernadores quintanarroenses, y a una sola voz le pedimos con profundo respeto su intervención para que en este último tramo de su condena pueda ser acreedor al indulto o lo compurgue en su casa de Chetumal como prisión domiciliaria, donde recibiría los cuidados adecuados que necesita en forma permanente y de este modo subrayar que el binomio de la justicia y el sentido humano son indisolubles cuando se ha cumplido en gran medida la sanción social y lo asiste la ley, además que hay plena confianza en la revisión de su expediente, pero sobre todo cuando el sufrimiento con dignidad ha purificado la parte del error que le corresponde y existe una alta conciencia como la de usted para comprenderlo.

Por su generosa atención a esta petición, le manifestamos las seguridades más elevadas de nuestro respeto abierto y solidario haciendo votos por su ventura personal y la de su respetable familia ahora y en el año venidero.

Respetuosamente
Responsable de la publicación
Primitivo Alonso Alcocer

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