En su última visita en 1977 al centro de Quintana Roo donde realizó en la década de 1930 su famosa etnografía, Alfonso Villa Rojas constató “la gran transformación” que de 1935 a 1977 habían transcurrido los pueblos de la “subtribu” de X-Cacal como Tusik, el propio X-Cacal (Tixcacal Guardia), X-Maben, Señor, entre otros pueblos mayas del centro del estado. Para Villa Rojas, estos cambios resultaban “verdaderamente asombrosos”, pues estaba convencido de que ningún otro pueblo del área maya – toda la Península y los Altos de Chiapas- hubiesen tenido tal trasformación. De ser “pequeños caseríos”, espaciados jacales bajo la selva oriental de la Península, “ahora se tienen pueblos de calles bien trazadas, con su parque central, escuelas, comercios y servicios de luz, agua y transportes”, y de aquel pueblo de Señor que contaba en la década de 1930 con 71 pobladores distribuidos en 13 chozas, “ahora está ubicado a la vera de una carretera asfaltada y tiene más de tres mil habitantes y seiscientas casas, nueve tiendas y tres escuelas.”[1]

Lo que Villa Rojas refería, es que del antiguo aspecto selvático y aislado en que estuvo el Territorio de Quintana Roo durante casi tres cuartos del siglo XX, ahora la presencia de movilidad era un ejemplo de la integración a la nación del otrora territorio que en 1974 se había convertido en un estado más de la federación. Y en un apartado de su apéndice al libro Los elegidos de Dios…, denominado exactamente “La gran transformación”, Villa Rojas apuntó esta importancia de la apertura de caminos tanto para la presencia del estado en esta zona otrora rebelde, así como para la integración cultural de estos pueblos mayas del centro de Quintana Roo.

El camino que va de Peto a Felipe Carrillo Puerto (terminado a fines de 1950), y de Valladolid a Felipe Carrillo Puerto (finalizado 10 años después) constituyeron los elementos de movilidad y hasta de presencia militar de un estado nacional en busca del control de la zona, y desde luego que podríamos relacionarlo con los intentos, desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, del control forestal y territorial que el gobierno porfiriano y los oligarcas yucatecos, intentaron realizar en esta zona de mayas rebeldes, al intentar establecer líneas ferroviarias que recorrerían el oriente de la Península para un control efectivo y una presencia del Estado.[2] Para Villa Rojas, esta apertura carretera tuvo efectos más profundos que la presencia de chicleros mestizos en los pueblos mayas del oriente de la península, porque el contacto con fuereños trabajando en la carretera, y más con los que la comenzarían a circular de forma incesante, modificó la visión del mundo de los antiguos habitantes aislados, propagándose cambios en la vestimenta, y con un mayor uso del español. Los nativos pudieron viajar a otros lugares como Chetumal, Felipe Carrillo Puerto o el recién creado Cancún.[3]

La construcción de caminos, fue uno de los leitmotiv de las políticas indigenistas del Estado postrevolucionario para la “integración” de los grupos indígenas del país, de ahí que no resulte extraño que Villa Rojas elogiara esta situación que vio en el recién estado de Quintana Roo: para conectar las “regiones de refugio” como los antes aislados pueblos del otrora cacicazgo de Xcacal del centro de Quintana Roo, habría que fomentar la construcción de “caminos de penetración” donde cruzarían las “técnicas modernas” tendiendo a incrementar los contactos entre las sociedades indígena y nacional. La ruptura del aislacionismo abonaría al cambio sociocultural y propiciaría la transformación de las sociedades indígenas.[4]

Pero frente a esta apertura de la carretera que comunicaría a Felipe Carrillo Puerto con las entradas del sur y oriente de Yucatán, se encontraba un trecho enorme de tierra sin poblar, que sería una de las microrregiones de lo que es el actual estado de Quintana Roo, en la jurisdicción municipal del recién creado municipio de Bacalar, donde se asentarían los “colonos” (campesinos sin tierra o que pedían tierra en otros estados del país) que llegarían a poblar el Territorio de Quintana Roo mediante dos oleadas migratorias que se dieron entre el gobierno de Adolfo López Mateos y el sexenio de Luis Echeverría Álvarez (finales de 1950 y la primera mitad de 1970).

Esta microrregión que apuntamos, conocida como “la Vía Corta”, fue conformada por la carretera federal 293,[5] que comunica Peto con Chetumal. Esta zona donde se encuentra actualmente la vía corta, se circunscribía a lo que en ese entonces era la Delegación de Payo Obispo[6] (antecedente jurisdiccional del municipio de Othón P. Blanco antes de que el Territorio se estatuyera como Estado). En 2011, el enorme municipio de Othón P. Blanco, fue seccionado para la creación del municipio de Bacalar: Los Divorciados, La Pantera (ejido Graciano Sánchez), Manuel Ávila Camacho, Lázaro Cárdenas y Valle Hermoso, pasaron a formar parte de Bacalar.

La Vía Corta, extensa zona del sur de Quintana Roo, durante buena parte del siglo XX permaneció casi despoblada. Sólo había algunos nucleos demográficos durante buena parte del siglo XX: “las islas”, Kantunilkín, el hinterland de Payo Obispo-Chetumal-Bacalar, el centro del estado alrededor de Felipe Carrillo Puerto, así como los pueblos que crecerían con migrantes yucatecos a la vereda del tramo Peto-KM 50. El “despoblamiento” fue por largo tiempo la tónica del oriente de la península desde la colonia, pero a partir de la segunda mitad del siglo XIX, fue el territorio donde se asentaron los distintos pueblos mayas que se levantaron en armas en lo que la historiografía regional denomina la Guerra de Castas. No obstante, la poca población siguió presente en la segunda mitad del siglo XX, y para la concreción de la categoría de estado del antiguo Territorio se tenía que llegar a una cuota demográfica, y mediante las redes carreteras, habría que conectar esta región con el resto de la península y, asimismo, con el país.

En 1947, la carretera que comunicaría a Peto con Chetumal, y que conformaría la Vía Corta, apenas pasaba a la hacienda Santa Rosa, cercana a Dziuché.[7] ¿Cuándo comenzaron los trabajos para la construcción de la carretera Peto-Bacalar-Chetumal? En una nota de prensa del año de 1937, se puede comprobar que estos trabajos iniciaron a partir de esa fecha, aunque luego los trabajos de pavimentación se terminarían 32 años después.[8]

A falta de esa carretera troncal que conectaría a Chetumal con el primer pueblo yucateco al sur de Mérida, los pueblos que conformarían la Vía Corta no aparecen en los censos del Territorio de Quintana Roo de 1910, 1921, 1930, 1940, 1950, y 1960. En el Censo de 1950, se lee que “Quintana Roo es una de las entidades federativas más mal comunicadas, pues solo se une con el resto de la República por vías marítimas”, y por vías aéreas.[9] Fue a partir del gobierno de Rufo Figueroa, en la segunda mitad de la década de 1960, en el que se insistiría más en la terminación de las carreteras troncales del territorio continental. Existe un informe al respecto sobre la importancia turística que tendrían estas carreteras:

 

El Gobierno del Territorio está empeñado en la terminación de las vías de comunicación fundamentales entre Chetumal-Peto y Chetumal-Escárcega, así como Valladolid-Carrillo Puerto, no sólo como base para su desarrollo económico, sino también turístico, complementando con otros caminos entre ellos el ya aprobado de Playa del Carmen a Tulum que permitirá una afluencia turística importante en esa zona del Caribe.[10]

 

Y con el turismo y la infraestructura necesaria, el informe del año siguiente, insistirá en esa necesaria presencia de núcleos poblacionales para trabajar una extensa zona de tierra cuasi despoblada, lo que traería beneficios económicos y, tal vez, ayudaría a enraizar un proyecto turístico para el Territorio de Quintana Roo, que ya estaba presente en el discurso del centro de México:

De acuerdo con los planes que este Gobierno tiene formulados para impulsar las actividades agropecuarias mediante la colonización, próximamente estarán en condición de venir a esta entidad colonos procedentes de los Estados de Sonora, Chihuahua y Coahuila, quienes podrán disfrutar de las tierras que se rematen, de la ex hacienda de Santa María, o bien, de los terrenos nacionales disponibles en la entidad.[11]

 

Es así que, mediante el impulso que se quería dar al turismo con la terminación de las carreteras troncales del estado, y, desde luego, con las políticas de colonización no dirigida y dirigida de campesinos sin tierra del centro, occidente y norte del país, la vía Corta ya estaba en formación a partir de la década de 1960. Para abril de 1969, la pavimentación total de la carretera Peto-Chetumal, había finalizado.[12] En esta década de 1960, revisando la documentación agraria de estos pueblos, observamos el sostenido poblamiento de la Vía Corta, con la llegada tanto de colonos de fuera de la Península, como mayas yucatecos, en buscas de tierras más propicias y menos calcáreas.

Cuadro 1

Acciones agrarias de los pueblos de la Vía Corta

Municipio Poblado Acción instaurada Fecha de solicitud Resolución presidencial
Bacalar[13] Valle Hermoso Dotación 25 de mayo de 1963 19 de agosto de 1964
Bacalar Manuel Ávila Camacho Dotación 3 de julio de 1969 21 de julio de 1970
Bacalar Los Divorciados Dotación 19 de julio de 1969 4 de septiembre de 1970
Bacalar Lázaro Cárdenas Dotación 27 de julio de 1971 29 de diciembre de 1975
Bacalar La Pantera (Graciano Sánchez) Dotación 7 de agosto de 1972 2 de enero de 1976

Fuente: Archivo de la Reforma Agraria. Delegación Chetumal.

Una de las pioneras en el estudio de las políticas de colonización que se dieron en Quintana Roo en la segunda mitad del siglo XX, Odile Fort, sostuvo que la creación de los nuevos ejidos y la conformación de pueblos con gente proveniente de otros estados, tenía, como objetivo, el de aumentar la producción agrícola relacionándola con el sostenimiento de las zonas turísticas en el litoral del Caribe, como la ciudad de Cancún. Y otro objetivo que apunta Fort, fue la necesidad de poblar la entidad para el mínimo de habitantes para que el Territorio se convirtiera en Estado (Fort, 1979: 86).

A la par de la llegada de colonos de Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, Jalisco, Veracruz, Durango, Coahuila y México, comunidades de la Vía Corta, como Los Divorciados, Valle Hermoso y La Pantera, fueron igualmente poblados por mayas yucatecos migrantes.[14] Los años 1959 y 1974, los años posteriores a la larga “dictadura” de Margarito Ramírez en el Territorio de Quintana Roo (1944-1959), han sido denominados, por la historiografía regionalista, como un periodo de transición para la concreción del estado de Quintana Roo.

Otra lectura, sostenida por Dachary y Arnaiz (1998), y en donde se inserta la colonización dirigida, es que este lapso habría que observarlo como una estrategia del gobierno mexicano iniciado en la década de 1960, en el que la coyuntura macrorregional y mundial (Guerra Fría, control de las fronteras), redimensionaba el estratégico papel de las fronteras. La ocupación de las zonas fronterizas desocupadas, como el Territorio de Quintana Roo con escaso número de habitantes, era una acción claramente preconcebida por la geopolítica mexicana. Además, para estos autores, la colonización, sobre todo la dirigida y que tuvo más éxito en el sexenio de Luis Echeverría, tenía como objetivo consolidar un sector de la agricultura y ganadería “modernas”, que vendrían a suplir la agricultura tradicional de autoconsumo maya, y esto para general una incipiente industria en el campo.

Podemos decir, para cerrar este artículo, que el establecimiento de la Vía Corta se dio por dos factores principales: la integración territorial producida por la construcción de la carretera federal 293, y, por otro lado, por las políticas de colonización no dirigidas, pero sobre todo, dirigidas, en un lapso de poco más de una década.

 

 

[1] Alfonso Villa Rojas. Los elegidos de Dios. México, INI, 1987, p. 533.

[2] Carlos Macías Richard.  Nueva frontera mexicana. Milicia, burocracia y ocupación territorial en Quintana Roo (1902-1927), México, UQROO-Conacyt, 1997.

[3] Villa Rojas, Op. Cit., pp. 537-538.

[4] Gonzalo Aguirre Beltrán. Teoría y práctica de la Educación Indígena. México. Universidad Veracruzana-INI-Gobierno del estado de Veracruz-FCE. 1992, pp. 164-165.

[5] Existe un sinfín de análisis de las construcciones de las regiones en la literatura académica. Aquí señalamos únicamente dos factores que contribuyeron para la conformación de la Vía Corta: las migraciones dirigidas y no dirigidas (de campesinos yucatecos, este último), y la importancia de la carretera conformando esta microrregión.

[6] Miguel Alberto Bartolomé y Alicia Barabas.  La resistencia maya. Relaciones interétnicas en el oriente de la Península de Yucatán, México, INAH, 1977, pp. 100-101.

[7] Gabriel Ferrer de Mendiolea.  “Historia de las comunicaciones”, en Enciclopedia yucatanense. Conmemorativa del IV centenario de Mérida y Valladolid (Yucatán), México, Volumen III, Edición oficial del Gobierno de Yucatán, 1947, pp. 519-520.

 

[8] Cfr. “La carretera Peto-Chetumal”. Diario del Sureste, 15 de marzo de 1937.

[9] Archivo General del Estado de Quintana Roo. Sección Estadísticas. Serie Estadísticas, número de revistero 6, número de inventario 01-DH/Est-B. Censos.

[10] Archivo General del Estado de Quintana Roo. Informe del gobernador del Territorio de Quintana Roo, Rufo Figueroa, dado el 9 de marzo de 1967. Fondo Territorio Federal de Quintana Roo. Sección Despacho del Ejecutivo, serie Informes, c. 26, exp. 661.

[11] Archivo General del Estado de Quintana Roo. Fondo Territorio Federal de Quintana Roo. Sección Despacho del Ejecutivo, serie informes, 13 de marzo de 1968, c. 26, exp. 564. Informe de labores de Javier Rojo Gómez.

[12]Archivo General del Estado de Quintana Roo. Fondo Territorio Federal de Quintana Roo. Sección Despacho del Ejecutivo. Serie informes, c. 26, exp. 566. Informe de labores de Javier Rojo Gómez.

[13] En los expedientes agrarios consultados, los pueblos de la Vía Corta entran todavía bajo la jurisdicción de Othón P. Blanco, algo que es un desfasamiento de archivo, ya que actualmente conforman el municipio de Bacalar.

[14] Martha Patricia Mendoza Ramírez,  “En busca de tierra. La migración de mayas yucatecos a tierras quintanarroenses, 1940- 1980”, en Jesús J. Lizama Quijano (coordinador), Entre irse y quedarse…Estructura agraria y migraciones internas en la Península de Yucatán, Mérida, Editorial Letra Antigua. 2013, pp. 147.

 

Comentarios en Facebook