Una oleada de irritación recorre las arterias de la capital del estado por las desafortunadas declaraciones del titular de la Secretaría de Turismo, Miguel Torruco Marqués.

Ayuno de sensibilidad política y haciendo gala de fría desfachatez, declaró a los medios de comunicación locales que había sido un malentendido la mudanza de la institución que preside a Chetumal y que serán únicamente dos direcciones las que habrán de funcionar en la antigua Payo Obispo, dentro de un proceso de descentralización paulatina que abarca a toda la nación.

¿Por qué hasta ahora nos sale con esta “buena nueva”, cuando él mismo declaró, en ocasiones anteriores, la puesta en marcha de la operación de cambio, argumentando con un dejo en contrario la poca disponibilidad inmobiliaria de Chetumal para albergar al personal de la Secretaría, pero admitiendo al mismo tiempo que se estaban tomando las medidas necesarias para efectuarlo?

En cuanto a la indisponibilidad inmobiliaria, la respuesta no se hizo esperar a través de los voceros de los organismos idóneos que públicamente le pidieron una reunión para demostrarle su equivocación y en donde habrían de exhibirle la documentación y los accesorios necesarios. Tengo entendido que no hubo contestación a la solicitud pública. ¿Acaso no fue una avanzada el traslado de la Subsecretaría de Planeación y Política Turística cuyo titular Simón Levy renunció a los pocos días, probablemente por diferencias con Torruco o por sufrir sofocos por el calor? Si no se hubiera tomado esa decisión de poner un pie en Chetumal, probablemente la sociedad local no resentiría el amargo sabor de boca que deja el engaño y la desilusión. Si no se hubieran buscado edificios del tamaño del Centro de Convenciones o la llamada Mega Escultura para albergar tanto a los funcionarios de primera línea como al personal administrativo, otra hubiera sido la percepción. La renuncia de Levy fue la primera señal que la operación no marchaba bien y se alejaba de la capital quintanarroense.

Volvemos a las preguntas ante la oscuridad que cubre este hecho tan peculiar: ¿Acaso fue un motín a bordo? O en todo caso, cuáles fueron las mentes truculentas que tuvieron la capacidad y la fuerza suficiente para desviar una iniciativa presidencial reduciendo al mínimo un buen propósito por no parecerles Chetumal como sede institucional de tan importante secretaría? Otra cosa hubiera sucedido si el Presidente de la República hubiera optado por Cancún, entonces el tropel de funcionarios de turismo encabezada por Torruco y Levy se hubiera semejado al desembarco en Normandía o a la carga de los seiscientos para no ser tan exagerados.

Lo preocupante resulta que el presidente anuncie determinado cambio y al poco tiempo sus funcionarios lo desdigan no solo con las palabras sino también con los hechos como sucede con Torruco Marqués que contradice sus propias afirmaciones efectuadas en un pasado reciente. Lo cierto es que la morena Chetumal, en donde en tres ocasiones se alzó con el triunfo electoral el presidente López Obrador, se siente otra vez víctima del engaño. Jugar con la palabra es artificio demagógico que cuartea los cimientos de la credibilidad propiciando que el pueblo vuelva la espalda a sus gobernantes.

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