Por Jéssica García

MÉRIDA, MX.- Desde hace cinco años, la industria del circo lucha por mantenerse con vida y dignidad tras la aprobación de la Ley sin animales y hoy en día en Yucatán, artistas de más de 30 circos denuncian la falta de apoyos por parte de las autoridades locales para tramitar permisos, los cuales son cada vez más tediosos, tardados y en los que llegan a gastar hasta 15 mil pesos.

Frente al Palacio de Gobierno de Yucatán, malabaristas, acróbatas y payasos, en representación de cientos de artistas locales dedicados al arte circense, denunciaron la falta de oportunidades que tienen actualmente.

Al respecto Romeo Chimal Ramos, de Mega Circus, explicó que algunos de los permisos que tienen que tramitar son ante la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para realizar un contrato y puedan hacer uso de la red de servicio público, pero esta empresa ya no les extiende este apoyo.

De igual manera, deben solicitar autorización ante los ayuntamientos y las comisarías para hacer uso de suelo, realizar perifoneo y colocar publicidad, sin embargo, denuncian que estos procesos son cada vez más engorrosos, tardados y caros, pues pagan entre 10 mil y 15 mil pesos en promedio y no siempre tienen éxito.

“Es triste ver que vayan haciendo a un lado el circo, por ejemplo, a nosotros hace poco nos dijeron que podíamos colocarnos en Vergel en lo que se autorizaban los permisos. Armamos las carpas y en cuanto llegaron supervisores, al no tener los papeles, nos multaron con tres mil pesos”, explicó el hombre que viene de familia de cirqueros.

Los manifestantes externaron que ellos quisieran contar con todas las facilidades que se dan como cuando se realizan ferias, conciertos y otros eventos públicos, además, denunciaron que se les brinda más apoyo a artistas de otros estados y países y no a los yucatecos.

Chimal Ramos recordó que, tras la modificación a la Ley General de Vida Silvestre en 2014, que prohíbe el uso de cualquier tipo de animal, ya sea silvestre o doméstico en sus espectáculos, en México, la Unión Nacional de Empresarios y Artistas de Circos (Uneac) registró el cierre de más de 70 circos en los años posteriores y los que hoy siguen con vida es porque modificaron los actos, pero, aun así, enfrentan retos que esperan superar.

La vida circense: adaptarse o morir

En Cholul, una pequeña comisaría del municipio de Mérida, el circo “Chimal Evolution” llega una o dos veces al año. Su nombre se debe a que el espectáculo que ofrecen ha tenido que evolucionar desde que en 2015 se aprobara la ley que prohíbe el uso de animales en sus escenarios. Y es que en las actividades productivas también aplica la lógica de la selección natural: adaptarse o morir.

Ricardo Antonio Chimal, uno de los dueños, a sus 55 años, es padre de cuatro hijos que hoy en día participan en el show de Chimal Evolution, circo que solamente se mueve en territorio yucateco desde los últimos 15 años; sin embargo, en su momento se trató de una carpa itinerante que recorría todos los estados de la República Mexicana, en donde dejaron como huella la sonrisa en la niñez que tuvo la oportunidad de conocer de cerca los espectáculos y animales que llevaban consigo.

“Los animales eran base importante de los shows, porque llamaban la atención de niñas y niños de las comunidades y pueblos más recónditos. Ahora, los pequeños tienen que ir hasta un zoológico para conocerlos y no siempre tienen la posibilidad”, expresó el hombre que hoy en día sólo va acompañado de una perrita negra y un cerdo, que desempeñan la función de mascotas, ya que no participan durante los actos.

Incluso, el hombre que inició su vida en el circo a los siete años, aseveró que comprende la intención del Partido Verde Ecologista cuando impulsó modificaciones a la Ley General de Vida Silvestre, y así prohibir el uso de cualquier tipo de animal, ya sea silvestre o doméstico, en espectáculos circenses.

A su parecer, la primera razón fue para obtener votos y la segunda, y más importante, proteger a los animales. Sin embargo, Antonio Chimal indicó que posiblemente estas modificaciones pudieron ser más empáticas con la comunidad circense, ya que se pudieron implementar supervisiones efectivas para identificar a aquellos cirqueros que maltrataran a los animales, entonces sí multarlos y decomisarles los ejemplares, pero también reconocer a aquellos que hacían bien su labor.

“Yo tuve a muchos compañeros que vieron nacer a sus animales. Entonces, ¿cómo es que iban a maltratarlos?, ya que se consideraban como miembros de la familia. Porque en el circo todos somos familia y sobre todo ellos también ayudaban a generar ingresos y uno seguro los cuidaba por esa razón”, señaló Antonio, quien ahora se encarga de asesorar a sus hijos en la industria del circo, una industria que busca las fuerzas para no desaparecer.

El circo que él dirige contenía en sus espectáculos ponis, chivos cimarrones y changos, los cuales tuvo que entregar al Parque Zoológico del Centenario y de los cuales no ha sabido más nada.

“A mí no me dieron ni un papel que garantizara el cuidado de los animales y tampoco nos autorizaron poder ir a verlos y saber que estarían bien o mejor que con nosotros, como las autoridades afirmaron. Que yo sepa, a ningún compañero se le otorgó este tipo de permisos, al contrario, muchos fueron demandados y acusados de tráfico de especies, además, ahora que lo recuerdo, tampoco las autoridades se ofrecieron para brindarnos ayuda y mantener vigente la vida de los circos”, afirmó.

Además, recordó con añoranza cuando llegaban a un lugar y los niños corrían tras los vehículos que transportaban leones, elefantes, tigres, changos y otras especies que incluso fuera de los espectáculos era común que los habitantes visitaran durante su estancia.

“La ley no sólo dañó a los animales, porque muchos murieron fuera de los circos, dañó también a la gente de los pueblos y dañó a la industria porque muchos circos cerraron”, agregó.

Al preguntarle sobre cuál cree que fue la mejor época del circo, su respuesta fue “siempre”, esto a pesar de que muchos años atrás las circunstancias en este segmento fueron otras, tanto que con un circo pudo conocer diversas ciudades y países de Norteamérica, entre ellas Canadá, Alaska, Texas y Hawái, por ejemplo.

El hombre que dice haber nacido en el circo, es hijo de un trapecista y payaso y una trapecista y bailarina, origen y destino que inculcó y transmitió a sus hijos: uno trapecista, otro payaso, una bailarina y una más encargada de la parte organizacional del circo. Una actividad en familia para las familias de los municipios.

“Nací en un circo, en un pueblo de Dzilam González y siempre creo que ahí empezó toda mi vida. Tengo siete hermanos, todos nos dedicamos a esta industria”, cuenta con una sonrisa en el rostro.

Dentro de su vasta experiencia, ser payaso ha sido parte fundamental, por lo que defiende con mucho respeto esta actividad e incluso lamenta que haya perdido importancia también fuera del circo, tanto que ha escuchado decir: “¿No tienes chamba para mi hijo? Aunque sea de payaso.”

“En un circo el show de un payaso es de relleno entre todos los números y si un número no le gusta a la gente, no pasa nada, viene el payaso, pero si el payaso no hace reír, entonces su trabajo no sirve, porque él no tiene a alguien más de relleno. El payaso tiene que ser un artista en lo que hace. Desafortunadamente las películas también han cambiado el sentido y lo han convertido en una figura mala, asesina y malvada. Antes los niños no le tenían miedo, ahora sí”, agregó el abuelo de un niño de 3 años al que ya le pintan el pequeño rostro para formar parte del show.

Además de ser payaso, domador de leones y tigres en el circo de su papá, fue acróbata, ocupación que le dio la oportunidad de trabajar para importantes circos como Carson & Barnes Circus y Star Brothers, en Estados Unidos, época en la que sufrió no por dinero, sino por no poder comunicarse con los estadounidenses.

“Trabajar para esos circos me abrió las puertas. Este circo que hoy dirijo siempre ha sido yucateco, pero viajó a todo México, mis siete hermanos con sus respectivas familias participábamos, a veces éramos 14 personas o más en la pista y cuando el presupuesto ya no alcanzaba, comenzamos a migrar, yo estando en Estados Unidos le mandaba dinero a mi esposa. Tengo el orgullo de haber trabajado en un circo de cinco pistas, estamos hablando de 1996”, describió.

Con el dinero ahorrado, le fue posible comprar campers que hoy en día le sirven para alojar a todos los integrantes de la familia que están decididos a continuar con la tradición mágica del circo.

“Un ejemplo de lo bueno que nos dio el circo es que pude llevar a todos mis hijos a Disney y durante el tiempo que trabajé en Hawai, ellos pudieron estar conmigo. Hoy en día todo lo que se ve en este circo de Cholul y los campers que usamos, son el resultado de esos años de trabajo”, explicó.

Para Chimal, la labor circense que hoy se hace es a base de mucho esfuerzo, amor y compromiso a este tipo de arte. Aunado a eso, él lo concibe como un asunto de familia, porque aunque tiene una casa en la colonia Emilio Portes Gil, en Mérida, prefiere pasar más tiempo en los campers, junto a los suyos.

“Muchos piensan que la vida de las personas de circo es como de gitanos, pero hay quienes sí logramos tener un patrimonio, aunque no es nuestra única opción porque de 365 días, 360 la pasamos en el circo, incluso mis hijos nunca se acostumbraron a estar en una casa normal”, refirió.

Además, platicó que en los años 90 un camper tenía un precio entre 15 mil y 20 mil pesos, sobre todo en la zona libre de Chetumal y Belice, sin embargo, actualmente los precios de estos vehículos no bajan de los 200 mil pesos aproximadamente. Dichos campers no están en un lugar fijo, ya que mediante una programación, están en gira permanente en diversos municipios de Yucatán.

“Antes decíamos: iremos para donde alumbre el sol, pero ahorita ya no se puede y tenemos que ir ‘midiendo el agua a los camotes’, así que cuidamos nuestra economía y nos programamos para ir a diversos pueblos del estado”, explicó.

Los boletos tienen un costo de 30 pesos en preventa y a partir de 60 pesos el general, aunque en una función en Cholul logran que se ocupe más del 80% de los lugares, Ricardo afirma que años atrás permanentemente tenían lleno del 100%.

Una de las ventajas que pueden tener respecto a la distribución del recurso económico, es que en el circo, además de ser familia, todos contribuyen y cooperan en las necesidades que se requieren.

“Mis hijos y sus familias, todos participan en los shows, todos son artistas, maquillistas; todos vendemos los boletos, armamos el circo, limpiamos, somos mecánicos, carpinteros, herreros, es decir, no tenemos otros gastos porque todos nos encargamos de las tareas que surgen”, explicó Antonio.

Tras la aprobación de la ley que prohíbe el uso de animales, también dejaron de recibir apoyos como el programa que impulsó el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), el cual designaba un maestro para cada circo, docente que se iba de gira a todos los lugares donde se establecían.

“Mis hijos siempre estudiaron en las carpas, ellos hicieron primaria y secundaria principalmente con los maestros de Conafe, el cual nos ayudó mucho y en su momento le agradecimos porque en realidad hicieron una gran labor y hasta hace tres años, mis nietos también gozaron de este programa, además el maestro era uno más de nosotros”, señaló mientras mostró el camper que adaptaban como aula de clases.

Hoy en día, llevar el circo a las colonias céntricas les resulta costoso, por lo que deciden continuar trabajando en los pueblos, en donde se pagan entre 100 y 200 pesos por día a los comisarios por la renta del terreno que destinan para ello, costo que se suma a lo que tienen que pagar por la supervisión de Protección Civil para dar garantía que las instalaciones están en condiciones de alojar a más de 350 personas, en caso que se ocupen todos los asientos.

Ricardo afirmó que si volviera a nacer lo haría de nueva cuenta en una carpa, porque aunque a lo largo de su vida ha acumulado más de 30 cicatrices, incluyendo las del corazón, pues en pleno espectáculo vio morir a una de sus hermanas al caer del trapecio, todo lo que hoy es, sabe y conoce, se lo debe al circo.

“Nacer y vivir en un circo es de lo más bello que me pudo pasar, conoces culturas, costumbres, aprendes idiomas, incluso a través de nuestro trabajo ayudamos a salir a algunas personas de vicios, porque el circo y las adicciones no se llevan, siempre se requiere disciplina. Ha sido grato a lo largo de los años sumar a personas para que cambiaran el rumbo de sus vidas”, narró.

Es de esta manera como el circo “Chimal Evolution” ha logrado sobrevivir ante las inclemencias sociales y al menos Ricardo y sus hijos insisten en que continuarán trabajando en la noble labor humana y artística que significa el arte circense para ellos.

En este sentido, la Unión Nacional de Empresarios y Artistas de Circos (Uneac) trabaja actualmente en una propuesta de ley para convertir la actividad circense en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Actualmente, las secretarías de Relaciones Exteriores y de Cultura, realizan el procedimiento que corresponde para proponer a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que se inscriba al circo en dicha lista. Incluso, Chile es ya uno de los países donde el circo ingresó al registro de Patrimonio Inmaterial, motivo por el que los circos de México solicitan que sea un reconocimiento a nivel mundial.

 

¿Qué pasó con la Ley del circo sin animales?

De acuerdo con la iniciativa de ley, propuesta por el Partido Verde Ecologista en 2014, los diputados que la aprobaron aseguraban que se ofrecerían alternativas para albergar a los animales rescatados, sin embargo, de acuerdo con observaciones de algunos miembros de la Uneac, en los primeros dos años posteriores a la aprobación, al menos el 80% de los animales decomisados murió y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) no dio seguimiento puntual a todos los casos.

Al respecto, Antonio Franyuti, activista y entonces miembro de la asociación AnimaNaturalis, una de las más constantes en el tema de los animales para uso de espectáculos circenses, dijo que en 2015 se identificaron 76 circos en México, de los cuales 67 reportaron tener animales, pero sólo 55 entregaron un listado oficial.

Al ser cuestionado sobre el estado de los animales decomisados envió un reporte en donde declaraba que los más de mil ejemplares identificados continuaban con vida fuera de los circos, sin embargo, estos datos corresponden a 2016, es decir, solamente hubo seguimiento un año después de la entrada en vigor de la ley. Hoy, a cuatro años de distancia, aún se continúa sin saber cuál fue el paradero real de muchos de los animales. (Noticaribe)

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