Por Jéssica García

MÉRIDA, MX.- Virginia, a sus 27 años tenía la ilusión de ser madre por primera vez. Hoy, después de cinco años no supera haber sido víctima de maltrato psicológico, verbal y físico por parte de personal médico del hospital donde permaneció durante dos días con su hijo muerto dentro del vientre.

Su caso se suma a la estadística de mujeres que se registra en los hospitales de Yucatán y de todo México, en donde tanto enfermeras, doctores y practicantes cometen acciones de humillación, discriminación y falta de atención digna hacia las mujeres embarazadas, es decir, violencia obstétrica.

Virginia Aguilar Sosa autorizó que apareciera su nombre completo debido a que quiere que su caso sea público y otras mujeres eviten a toda costa pasar por lo mismo, porque a pesar de que con terapia psicológica ha podido salir adelante, pensar en embarazarse le causa temor.

Al ser entrevistada, recuerda que su caso ocurrió un fin de semana de diciembre, pues ella llegó un sábado por la mañana a la clínica conocida como la T1 en la capital yucateca.

Aunque su embarazo por nueve meses transcurrió bien, para su sorpresa, cuando le hacen la revisión correspondiente y se dan cuenta que su bebé está muerto deciden ingresarla para pasarla a labor de parto, pues los médicos de ese momento consideraron conveniente que aún podía realizarse un parto natural.

“Cuando mi esposo y yo nos enteramos que había muerto en mi vientre no había ni un médico disponible para atenderme, entonces me quedo internada a la espera”, describió la mujer.

Sin embargo, la tuvieron los días sábado y domingo en espera de atención y fue hasta el lunes por la mañana cuando decidieron ingresarla al área de labor de parto.

Desde su experiencia, Virginia cuenta que fueron los días y las horas más horribles de su vida, porque mientras veía esos dos días que otras mamás entraban y salían de inmediato del área y al no ser atendida ella preguntó por qué no la ingresaban y una enfermera le respondió “porque sus bebés están vivos y sí son urgentes, el tuyo no porque está muerto”.

Ese lunes por la mañana, cuando ya entró al área que estuvo esperando, los doctores se dieron cuenta que no sería un parto fácil, puesto que Virginia tenía seis de dilatación, por lo que los médicos optaron por introducirle agua en la vagina en varias ocasiones, le suministraron Oxitocina (medicamento que se utiliza para producir contracciones) en altas dosis y recurrían al método constante de apretarle el vientre para que pudiera expulsar al bebé.

“Aumentaban la dosis y yo no sentía dolor, me apretaban en exceso, me metieron los dedos en el ano infinidad de veces y respecto a esto me comentaron que era uno de los procedimientos normales; me cortaron la vagina de los dos extremos. En sí fueron las horas más terroríficas que pude haber vivido. Yo percibía que los médicos estaban en la misma incertidumbre que yo. A mí me quedó el vientre morado de toda la presión”, describió.

Al ver que el parto de Virginia no sería posible por la vía natural, le hicieron firmar una carta de responsabilidad que ingresaría al área de cesárea, pero bajo su propio riesgo.

“Una enfermera me dijo que cuando un bebé está por nacer que ellos también pujan para salir, pero como el mío no estaba vivo no tenía esa función, entonces que sería por cesárea. Yo jamás me explicaré por qué entonces me ingresaron a un parto normal cuando sabían que no se iba a poder, mi bebé llevaba dos días muerto en mi vientre”, añadió.

Durante todo este periodo, Virginia estuvo incomunicada con su familia, pues no podía recibir visitas, por lo que su familia tampoco recibía información sobre su estado, así que ellos decidieron hablar a personal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

“Hubo un momento que estuve sola en todo el lugar, yo no sabía ni qué hora era y yo dije: Dios mío si me voy a morir aquí sola con mi bebé en el vientre es lo mejor que me puede pasar”, recordó.

Cuando personal de este organismo llegó, entonces se dieron cuenta de todas las irregularidades que se cometieron en el proceso. La primera, al pedir el expediente de Virginia, notaron que los médicos habían colocado fecha de ingreso el mismo día lunes y no el sábado como ella y su familia lo cuentan; cuando le hicieron firmar la cesárea, ella también aceptaba un diagnóstico en el que se señalaba que su bebé había muerto por asfixia mientras se le rompió la fuente, lo cual también niega Virginia y su familia, pues en sí nunca supieron las razones por las cuales murió el bebé.

“Fue un proceso doloroso y frustrante y aunque en Derechos Humanos sí le dieron seguimiento, mi denuncia no procedió porque mi hoja de ingreso tenía otra fecha y la razón de la muerte de mi bebé tenía una distinta a la real, pues en mi caso sé que me rompió la fuente estando en el hospital, ya cuando mi bebé no tenía vida, así que esa no pudo ser la razón”, explicó.

Hoy en día ella lamenta que no haya identificado en su momento que todo lo que vivió es violencia obstétrica y por eso invita a todas las mujeres embarazadas a informarse sobre todos los procedimientos que se deben llevar a cabo durante el parto.

Al respecto, Kelly Ramírez Alpuche, presidenta de la asociación Igualdad Sustantiva Yucatán, explicó que tienen conocimiento del tema y sobre todo en el estado es una problemática invisibilizada, ya que no existen regulaciones en cuanto a ciertas conductas que incurren en violencia obstétrica.

“Se tiene muy normalizado el trato que se les da a las mujeres cuando acuden a realizarse sus revisiones durante el embarazo o cuando están en labor de parto, les hacen comentarios desagradables como: ¿Por qué lloras ahorita si bien que te gustó? O cuando les introducen de manera excesiva los dedos para probar la dilatación”, explicó Ramírez Alpuche.

Al respecto, la presidenta de la asociación Igualdad Sustantiva Yucatán explicó que es violencia obstétrica cuando hay maltrato por parte de la institución, ya sean regaños, burlas, ironías, insultos, amenazas, humillaciones, manipulación de la información y negación del tratamiento.

Sobre este tema el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) informa que hay violencia cuando hay discriminación, además de negación de la asistencia médica, aplazamiento y también si por parte de pasantes médicos las mujeres en labor de parto son usadas como recurso didáctico.

De acuerdo con el Diagnóstico sobre victimización a causa de violencia obstétrica en México, realizado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) de 2017 a 2018, los estados con más reportes de maltrato y violencia que reciben las mujeres durante el embarazo y la labor de parto son Ciudad de México, Estado de México, Querétaro, Aguascalientes, Coahuila, Tlaxcala, Jalisco, Morelos, Hidalgo y Yucatán.

Además, en dichos estados la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha emitido recomendaciones por violencia obstétrica, siendo el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) la institución que más denuncias tiene en el tema.

Otras instituciones que tienen más reportes en el tema son el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y Petróleos Mexicanos (Pemex). (Noticaribe)

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