Ahora que se están perfilando los prospectos para designar a los candidatos a las presidencias municipales y diputaciones federales que se disputarán en 2021, el gobierno joaquinista debe definir a qué le tira: a ganar, a perder, a ser comparsa o a ‘concertacesionar’.

La elección de los candidatos en los próximos meses mostrará cuál es la verdadera estrategia del gobierno que ya empieza a preparar su salida en medio de la incertidumbre de estos tiempos.

Ciertamente, hasta ahora, no queda claro cuáles son las intenciones del joaquinismo porque, a menos de un año de la elección de alcaldes, no hay prospectos claros ni fuertes para disputar los principales puestos de elección.

Es más, diríase que ni siquiera se prepararon cuadros y perfiles robustos con suficiente tiempo para saltar con solvencia a la arena electoral.

Y eso quizá sea una declaratoria de intenciones.

A estas alturas, se creería que el reto es acudir a Cancún, Solidaridad y Chetumal y tratar de recuperar esos territorios ganados por Morena, además de conservar municipios como Tulum y Felipe Carrillo Puerto y avanzar en Isla Mujeres, Lázaro Cárdenas y Bacalar.

Pero la verdad aún no se ve por dónde.

Sin embargo, la estrategia, aunque puede ser diversa, pasará por la designación de candidatos propios o a través de alianzas o negociaciones que permitan el fin último de los grupos políticos que es obtener o conservar el poder y la influencia.

Pero que nadie se extrañe si en los próximos meses se impulsan candidaturas sólo para perder o se apoya a candidatos que están en otros partidos como parte de negociaciones secretas para pactar la transición en 2022, que es lo que verdaderamente está en juego.

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