Por Itzel Chan
MÉRIDA, MX.— Con la salida de decenas de embarcaciones desde puertos como San Felipe, Río Lagartos y El Cuyo, inició oficialmente la temporada de captura de langosta en el oriente de Yucatán, una de las pesquerías más importantes para las comunidades ribereñas del estado. Sin embargo, el entusiasmo habitual que acompaña a este arranque se vio opacado por los bajos volúmenes capturados durante el primer día, reflejo de un contexto marcado por la sobreexplotación y la pesca furtiva.
Los reportes de las cooperativas indican que, en promedio, las embarcaciones lograron apenas 20 kilogramos por salida, una cifra considerablemente menor frente a los 50 o incluso 100 kilos que se obtenían en años anteriores. A pesar de esto, el producto mantiene un valor importante en el mercado: el kilo de langosta se cotiza actualmente entre 500 y 600 pesos, dependiendo de la talla y calidad. Por norma, solo pueden comercializarse ejemplares con un caparazón mínimo de 13.5 centímetros.
Este inicio discreto coincide con la creciente presión que enfrenta la pesquería debido a la captura ilegal durante los meses de veda. De acuerdo con la Secretaría de Pesca y Acuacultura Sustentables de Yucatán (Sepasy), el estado alcanzó el segundo lugar nacional en producción de langosta viva durante la temporada 2024-2025, con 665 toneladas registradas, solo por debajo de Baja California Sur. Sin embargo, líderes pesqueros advierten que entre 200 y 300 toneladas adicionales habrían sido extraídas ilegalmente en ese mismo periodo, lo que compromete seriamente la sostenibilidad del recurso.
Las consecuencias de esta sobreexplotación ya se reflejan en el arranque de la temporada. Según pescadores y autoridades, el descenso en las capturas podría ser un indicio del impacto ecológico que ha dejado el furtivismo, especialmente en zonas como San Felipe y Dzilam de Bravo, donde recientemente se realizaron operativos de vigilancia.
Durante una jornada de inspección en altamar, autoridades federales y estatales aseguraron una embarcación abandonada con langostas por debajo de la talla mínima, además de rescatar a un buzo que fue dejado a la deriva por su equipo. Aunque se han reforzado los patrullajes y el monitoreo digital, las prácticas ilegales continúan, alentadas por una demanda sostenida y por la percepción de impunidad.
Frente a este escenario, la Sepasy y la Conapesca han reiterado su compromiso con el fortalecimiento del ordenamiento pesquero y la capacitación a las comunidades. Las cooperativas, por su parte, insisten en que solo con vigilancia efectiva, conciencia comunitaria y una regulación estricta podrá garantizarse el futuro de una de las pesquerías más valiosas del litoral yucateco. (Noticaribe)













