Por Itzel Chan
MÉRIDA, MX.- De las brigadas comunitarias al uso de drones y ahora a la navegación eléctrica, pescadores de Celestún continúan incorporando nuevas herramientas para proteger sus recursos marinos y reducir los costos que implica la vigilancia del refugio pesquero.
La Federación de Zonas de Refugios Pesqueros de Celestún inició las pruebas de un motor eléctrico adaptado para una de sus embarcaciones de vigilancia, un prototipo desarrollado con participación de integrantes de la propia comunidad y que busca operar sin gasolina y sin emisiones durante sus recorridos.

“Era un motor de gasolina y hoy es un motor totalmente eléctrico, ecológico y de cero emisiones”, explicó José Ricardo Novelo Chac, presidente de la organización.
El proyecto comenzó hace aproximadamente un año con respaldo del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD). Sin embargo, la apuesta no se limitó a adquirir tecnología: pescadores y jóvenes de Celestún recibieron capacitación para conocer el funcionamiento de baterías, controladores, convertidores y otros componentes eléctricos.
El objetivo es que la comunidad pueda reparar, adaptar e incluso construir nuevos equipos sin depender permanentemente de especialistas externos.
“Queremos que el conocimiento se quede aquí. Hay jóvenes que estudiaron mecatrónica y hoy están participando porque este proyecto es para el futuro de ellos”, señaló Novelo Chac.
Vigilar el mar sin gastar miles de pesos en gasolina
Por ahora, el motor continúa en fase de pruebas. Su batería permite una autonomía estimada de entre dos y dos horas y media, suficiente para comenzar a realizar recorridos y evaluar su funcionamiento en condiciones reales.
La primera tarea para la que será utilizado es la vigilancia comunitaria del refugio pesquero, una labor fundamental para proteger los recursos marinos, pero que representa un gasto considerable para las cooperativas.

De acuerdo con Novelo Chac, cada salida de vigilancia puede significar un desembolso de entre 2 mil 500 y 3 mil pesos únicamente en gasolina. Con la utilización de un motor eléctrico, buena parte de ese costo podría desaparecer.
La innovación forma parte de un proceso que la comunidad pesquera de Celestún ha desarrollado durante años. Primero surgieron las brigadas de vigilancia; posteriormente se incorporaron mujeres a las actividades de monitoreo y protección, llegaron las capacitaciones con organizaciones civiles, los drones para ampliar la capacidad de vigilancia y el equipamiento de una caseta comunitaria.
Del refugio al turismo y la pesca de pulpo
Si las pruebas resultan satisfactorias, la tecnología podría tener aplicaciones más allá de la vigilancia.
Una posibilidad está en las embarcaciones turísticas que diariamente recorren la ría de Celestún para llevar visitantes a conocer sus manglares y observar flamencos. La utilización de motores eléctricos permitiría disminuir emisiones y ruido durante estos recorridos.
Durante la temporada de pulpo, explicó el dirigente pesquero, una embarcación puede gastar alrededor de 3 mil 500 pesos en combustible por jornada, lo que equivale a capturar entre 40 y 50 kilogramos de pulpo solamente para recuperar el dinero destinado a gasolina.
“Con este motor esos kilos ya serían ganancia para el pescador”, resumió Novelo Chac.
Actualmente las baterías del prototipo todavía se cargan utilizando la red eléctrica convencional. La siguiente meta de la organización es instalar paneles solares que permitan recargarlas mediante energía renovable y cerrar así el ciclo de operación del sistema.

Un motor construido desde la “chatarra”
El prototipo también tiene una historia de reutilización. Para construirlo no se partió de un motor completamente nuevo, sino de la estructura de un viejo equipo de combustión que ya había terminado su vida útil.
Los integrantes del proyecto recuperaron la carcasa y la adaptaron para incorporar el nuevo sistema eléctrico.
“Lo estamos reciclando. Toda esta carcasa ya no servía y hoy vuelve a tener vida”, explicó el presidente de la Federación.
El experimento todavía deberá demostrar su autonomía, resistencia y capacidad en las condiciones cotidianas de navegación, pero para los pescadores de Celestún representa algo más que cambiar gasolina por electricidad: la posibilidad de desarrollar y apropiarse de tecnología desde la propia comunidad para reducir costos y conservar el ecosistema del que depende su actividad. (Noticaribe)












