La ‘Travesía Sagrada Maya’, o la recreación de una invención del Grupo Xcaret | Por Gilberto Avilez Tax

Posted on mayo 08, 2019, 9:26 am
18 mins

Por Gilberto Avilez Tax

En su imprescindible obra sobre la historia de Yucatán, el fraile Diego López de Cogolludo, asienta sobre las peregrinaciones prehispánicas efectuadas a las islas de las golondrinas, Cozumel, del modo siguiente: “era Cozumel el mayor santuario para los indios que había en este reino de Yucatán, y a donde recurrían en romería de todo él por unas calzadas que le atravesaban todo, y hoy permanecen en muchas partes vestigios de ellas, que no se han acabado de deshacer, y así había allí grandes kues, adoratorios de ídolos”.

Aún bien entrado el siglo XVII, en el que Cogolludo escribió su obra sobre la historia de la Península, el fraile historiador franciscano señalaba que entre los mayas de su época se seguía conservando la memoria de que la  isla de Cozumel era “el supremo santuario, y como romano de esta tierra, donde no sólo los moradores de ella, pero de otras tierras concurrían a la adoración de los ídolos, que en ella veneraban, y se ven vestigios de calzadas que atraviesan todo este reino, y dicen rematan a lo oriental de él en la playa del mar, desde donde se atraviesa un brazo de él, de distancia de cuatro leguas, con que se divide esta Tierra Firme de aquella isla. Estas calzadas eran, como caminos reales, que guiaban sin recelo de perderse en ellos, a las ofrendas de sus sacrificios, a pedir el remedio de sus necesidades, y a la errada adoración de sus dioses fingidos”.

La prueba etnohistórica de los peregrinajes prehispánicos a Cozumel, se refrenda con los vestigios urbanísticos que se han podido conocer por la moderna arqueología, de muchos sacbeob’s en la costa oriental de la Península que confluyen hacia Cozumel. Comentando sobre esto con la arqueóloga Cecilia Medina, esta me hizo saber que posterior del comienzo del periodo postclásico (918 d.c) y la influencia náhuatl a tierras peninsulares, nuevos cuchcabales de la costa oriental (como Ecab, Uaymil y Chetumal) comenzaron a tener un mayor número de habitantes, y así florecieron sitios importantes como Cobá y Tulum; y la isla de Cozumel, que fungía como lugar central del mercado regional junto con Chichén, Maní e Izamal, tuvo un mayor auge con la presencia del culto a la diosa Ixchel, divinidad de la medicina y la fertilidad, así como de los ritos lunares.

En la crónica de los antepasados de los mayas, que se encuentra en el libro de Chilam Balam de Chumayel, se lee que Cozumel fue el acceso de entrada o el comienzo de una nueva historia que se presentaría en el tiempo de las invasiones putunes (850-950): “Entonces se multiplicó la muchedumbre de los hijos de las abejas, en la pequeña Cuzamil. Y allí fue la flor de la miel, la jícara de la miel y el primer colmenar y el corazón de la tierra”. Estas son las palabras del Chilam Balam. Y Thompson, en Historia y Religión de los Mayas, refiere la llegada de los itzaes, fundadores de pueblos y revitalizadores de antiguos sitios, como Chichén y “Bhakalal”, a principios del siglo X. En sus notas al pie de página del Chilam Balam de Chumayel, Miguel Rivera Dorado acota que Cozumel fue el lugar fundamental de asentamiento y dispersión de los itzaes putunes y de otros grupos de mercaderes chontales con fuerte influencia nahuatl; Cozumel, además, era un punto estratégico en la ruta comercial que rodeaba a la Península.

Thompson, al respecto, indica que a Cozumel, siendo el punto de partida de los putunes para la conquista de tierra firme, acudían peregrinos al santuario dedicado a la diosa Ix Chel, “diosa de los putunes y de los mayas yucatecos, de Tabasco, de Xicalango y Campeche”. Este peregrinar, desde luego, estaba imbricado del comercio de productos como la miel que abundaba en la isla, así como seguramente de otros productos del mar. Cozumel, además, era un importante centro de distribución de las salinas del norte, y un lugar de descanso de los comerciantes marinos putunes, en su ruta hacia Centroamérica.  Citando a Cogolludo, Thompson comparte esta interesante descripción de esa diosa lunar llamada Ix Chel, y que tiene, sin duda, reminiscencias con otro ídolo que aparecería en la medianía del siglo XIX, un milenio después y varios cientos de kilómetros tierra adentro del viejo centro ceremonial religioso de Ix Chel, a donde acudían peregrinos de lejos y de cerca: “Era una gran figura de cerámica unida a la pared del santuario con mortero. Detrás había algo semejante a una sacristía con una puertecita oculta que daba a la espalda del ídolo, y por ella respondían los sacerdotes a las peticiones que se le hacían a aquél…La memoria popular es mucho más importante de lo que suele creerse y tal vez la cruz parlante de los mayas rebeldes del Yucatán oriental, con un hombre oculto para pronunciar los oráculos, fuera un caso de memoria popular en el siglo XIX”.

En Cozumel, el cronista primero de estas tierras, Bernal Díaz del Castillo, encontró a una india de Jamaica que, dos años atrás naufragó con otros 9 indios jamaicanos que iban a pescar a una isleta cercana a su isla; su deriva en mar abierto los arrojó a esa otra isla. Todos, salvo ella, terminaron como sacrificios humanos de los dioses de los mayas cozumeleños. Otra curiosidad que refiere el cronista, es sobre la existencia, en Cozumel, “de muchos puercos de la tierra, que tienen sobre el espinazo el ombligo”. ¿A qué animales se referirá el cronista?

Estas cosas que he referido hablan sobre la inconmensurable importancia de Cozumel en varios tópicos: la existencia de los sacrificios humanos, la reconfiguración demográfica de la costa oriental en tiempos prehispánicos ocasionada por la expansión putún, y la importancia del comercio y el rito que se dio tanto en tierra firme como en las costas e islas que rodean la Península: Cozumel era un puerto de abrigo y de intercambio, abierto a la primera conexión caribeña llevada a cabo por los “fenicios” putunes.  Posterior de la debacle de la conquista –las peores escenas de esta guerra genocida, sucedieron en Uaymil-Chetumal con el desbarato de los Pacheco y el genocidio de los mayas sur-orientales-, la Costa Oriental tuvo una merma demográfica que solo se pudo subsanar hasta bien entrado el siglo XX con las políticas de colonización dirigidas del Estado postrevolucionario.

El hecho histórico que señalo, las peregrinaciones hacia el santuario de Ix-Chel en Cozumel, está más que comprobado. Esto no se discute. Pero como antes he tratado de dilucidar cuando he hablado de la Xcaret-ización de Mayaland, resulta muy cuestionable la forma como un corporativo internacional, como lo es Xcaret, utiliza segmentos o tramos –generalmente, tramos prehispánicos- de la historia maya para sus fines personales: Xcaret mismo, se ha autonombrado, “guardián de vestigios arqueológicos”, cuando esto le incumbe expresamente al Estado. Xcaret, aparte de una zona arqueológica que se ubica dentro de ese parque, sus voceros están convencidos de que “ha recuperado diversas tradiciones, como el juego de pelota maya, la travesía de caoneros, así como el festiva de Vida y Muerte. Aparte son sus UMAS privadas y su vocación de “ambientalista” de la flora y fauna endémica de la región. Pero Xcaret es una empresa internacional que, según ella, realiza, con un staff de historiadores, antropólogos y expertos en temas mayas, la “recreación” de un pasado que, a pesar de esa pretensión de cientificidad histórica, se mueve entre el burdo new age, el romanticismo ahistórico, y una pretendida espiritualidad que necesita con enjundia el turista conquistador. En un texto anterior he referido esto: “En la Xcaret-ización de la Península, todo es vendible, todo es comprable, incluido mapas y geografías de la historia, casonas henequeneras y decimonónicas, gastronomías y, horror de horrores, hasta los cenotes. En la Xcaret-ización de la cultura maya, la historia de un pueblo se convierte en una puesta en escena de Broadway, o en una diversión inconsútil, un sueño lúdico pero sustentable. Xcaret-México es descrito de la siguiente manera: “Con más de 7 mil 5000 representaciones el espectáculo cumple este mes dos décadas en las que ha asombrado a más de 16 millones de turistas. El trabajo en el escenario está a la altura de las más famosas puestas en escena de Broadway. En él participan más de 300 músicos y artistas que presentan danzas y juegos de pelota prehispánica, bailes típicos y escenas de algunas leyendas populares”. Entre la utilización y “recreación de la historia”, Xcaret, en palabras de sus chilames personales, escribe esta chorada de misticismo insufrible:

Cíclicamente los mayas renovaban su compleja cosmogonía o maneras de ver el mundo, a través de diversos rituales. Uno de ellos era la travesía desde la que hoy se conoce como Xcaret, que antiguamente se llamaba Polé –palabra relacionada con los ricos intercambios que se daban en la época– a Cozumel, palabra derivada del maya kosom “golondrina” y lu’umil “lugar de”. El sentido último de la travesía era la renovación de la vida y con ello de la persona, como un rito de paso de los dzules, quienes eran puestos a prueba navegando de Polé-Xcaret a Cozumel, santuario último de Ixchel. La travesía era una forma de evocar la mística del ciclo eterno del día y la noche, la lucha sempiterna de la luz y la oscuridad, la dualidad que permite mantener el equilibrio cósmico entre las fuerzas de la naturaleza y el hombre.

La mística y la “sacralidad” de la historia de un “secreto maya” se recrea nuevamente ahora, en estas tierras tropicales donde todo, absolutamente todo, hasta la árida arqueología y la aburrida historia, es reinterpretado en términos de venta: los mayas no tuvieron vida cotidiana, tuvieron pura sacralidad cosmogónica. Y en el correlato actual, los mayas de la zona maya, para Xcaret, mejor que se queden como “voluntarios” de los otros “voluntarios” que sí cuentan: el porcentaje multicultural de los mayas occidentales –franceses, españoles, argentinos, italianos, suizos, “americanos”- que se preparan medio año para su viaje iniciático. Veamos lo que dice Leticia Aguerrebere, de la Dirección Corporativa de Arte, Cultura, Producción y Festivales de Grupo Experiencias Xcaret, encargada de la treceava edición de la Travesía Sagrada Maya. En la conferencia de prensa del día 7 de mayo de 2019, en el que dieron a conocer los días para la “recreación” de la “Travesía Sagrada Maya”, Aguerrebere comentó los antecedentes de la TSM:

“Esto nació para recrear esta tradición ancestral que había caído en desuso por más de 500 años aquí en todo lo que es la Península”. Para el Grupo Xcaret, el “proyecto Travesía Sagrada Maya” crea “comunidad” y fortalece “a este destino no solamente como de sol y playa sino como de turismo cultural que es lo que apunta esta Travesía Maya. Es un proyecto único en todo México: no es un triatlón, no es una carrera, no es una regata, es algo muy exclusivo de nosotros los quintanarroenses, y es un diferenciador importantísimo por lo que conlleva este proyecto. Trabajan con nosotros como voluntarios mucha gente de comunidades de zona maya…Nos apegamos a la historia en este proyecto para todo lo que hacemos, desde el Chilam Balam de Chumayel, en el INAH, toda la parte de investigación, las diferentes personas, la UNAM, con todos ellos nos hemos apoyado para llegar a ver a una Ix Chel como la vemos ahorita, por ejemplo su traje, sus collares, el ojo divino que tiene pintado porque es diosa, todo eso está investigado y sustentado todo lo que ven en esta travesía”.

Como antes el Estado y los mayistas nos daban una imagen de la historia de los mayas, ahora, en estos tiempos de la postverdad, Xcaret, un corporativo que quinta-esencializa la relación colonialista del turismo conquistador frente al pasado y presente maya, se convierte en lo que Hobsbawn y Rangel han denominado como la invención de la tradición: tradiciones de 13 años que se hacen milenarias apelando a un discurso histórico cuestionable, a la recreación de un mito empresarial y la puesta en marcha de una Xcaret-ización de la cultura maya: lo maya visto a través del ojo omnisciente del Gran Parque. La pregunta es, ¿cómo salir de este parque?

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