Poiesis | Carta de Recomendación | Por Alejandro Rabelo

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Estimado desconocido:

Sabiendo casi perfectamente cómo es ella, ya estás a solas leyendo estas páginas, extrañado de su petición de hacerlo, y más aún del autor de su contenido: Su ex. Esa sombra que soy de la luz que alguna vez fui y que no viene a molestarte. Para nada. De hecho, igual que tú, me quedé sorprendido de su petición de escribir para ti la presente.

Por favor: Termina de leerla. Debes admitir que si ha mostrado el valor de reunirnos a ambos aunque fuese por correo analógico, es porque ella considera que vales la pena. Repito: Según ella, vales la pena. Además de que cualquier juicio a priori, sin alcanzar ese valioso punto final, sería en realidad muy injusto con ella.

Procuraré ser breve, no tanto que ninguno de ustedes lo merezca ni más de lo que creo aportar. No es relevante ni propósito de esta misiva describirte mi situación actual; tendrás que conformarte con la idea de que permaneceré ajeno a ella, total y rigurosamente, y que si no a mí, puedes creerle a ella al respecto. Nomás para aclarar: Su solicitud fue vía telefónica, su ruego fue muy elegante y maduro, y su respuesta fue obtenida del mismo modo y vía e-mail, mientras que por mensajería le envié el sobre que acabas de abrir. Ni siquiera un café para que el trámite se cubriera de un necesario matiz personal.

¿Por qué acepté redactar para “mi reemplazo” las cosas bonitas y sinceras de las cuales estás a punto de enterarte? ¿Por qué “ese otro güey” te las tiene que compartir y encima quedarte dispuesto a oírlo? Porque si pensamos en ella en términos de sustitución, de quién ayer y quién mañana, hablamos de fútbol y no de su corazón, de la posesión y no de una persona. El argumento es suyo y no pudo mencionarlo más lúcidamente: “¿Jamás has pensado que cada nueva pareja es oooootro esfuerzo de credibilidad, confianza y riesgo?”. Tiene toda la razón: En lo concerniente al amor, ¿Quién puede dar las mejores referencias, quién podría ahorrarnos esa vuelta para demostrar que se es el mejor pretendiente, el más cariñoso, el más leal, el abrazo más protector, el mejor en la cama?

Todo pasado mezcla sinsabores y alegrías, historias que presumimos a quien se deje e historias que preferimos confesar hasta muy avanzada la relación. Pero absolutamente nadie puede narrarlas por nosotros, lo cual implica una dosis de sospecha que imperceptiblemente contamina de inicio. Para la mitad del mundo, se trata de la ilusión que de cualquier modo termina por decepcionar; para la otra mitad, es la resignación previa al “total, igual la cagaré de nuevo”. ¿O neta que ya le contaste a ella todo tu pasado?

No te preocupes: Cerca estuve de pedírselo, pero no: No va a escribir bondades sobre mí a otras chicas. Aunque, dado que ella tampoco dio signos de sí o de no, y que ella es muy agradecida, por favor, coméntale que no difunda ninguna y que este paso es lo último que sabrá de mí para siempre.

Bien, al grano. Francamente, no sé ni me importa a qué grado lleven en este punto la relación. Pero créeme: Todo indica que ha derribado las excusas que su mente perspicaz elevó frente a ti. Sólo tú sabrás cómo y ese cómo equivale a la contraseña de su alma. Si te tomó de la mano al subir la escalera hacia las butacas del cine (No come durante la función. Si descubriste porqué, felicidades, yo jamás pude); si alguna larga caminata no terminó en beso y sí en una revelación; si te ha interpretado a Chopin en su piano de cola herencia de tu ahora suegro, sentado junto a ella; si te ha permitido escucharla roncar y/o pedorrearse, apenas estás disfrutando el 15 % de su excelsitud, incluso en ese nivel de intimidad que te asusta, te asombra, te compromete.

Viene lo mejor: Cocina delicioso. Si tu platillo favorito (Tal vez ya te lo preguntó) son brocas de rotomartillo empanizadas con aserrín, horneadas en una salsa de ácido sulfhídrico, cubiertas con queso de leche de dragona y aderezadas con tréboles de cuatro hojas, te lo preparará para tu cumpleaños, sin falta, sin quejas, sin notificártelo. Y te chuparás los dedos como un mocoso ante un pastel de chocolate y no te dará hueva, como a ella, limpiar todo el tiradero de su elevadísimo arte culinario.

Ya con el estómago lleno, déjate llevar. Puede oírte parlotear durante un buen tiempo, sea de tus proyectos o de tus problemas. Sublimes y atinados resultan sus consejos y nada herirá menos tu susceptibilidad que sus manos en tu espalda y sus palabras vertidas en el momento y el sitio exacto. A veces, me daba la impresión de que, como Yuriko la de Kawabata, podría mimetizarse para comprenderme: Obtener una panza de 15 kilos extra, raparse medio cráneo de calvicie y cojear de la pierna derecha, para entonces decirme: “Es verdad, no tiene sentido temerle al futuro”.

Pero no será paraguas para tu tormenta. Por menos que un insulto infundado mandó a la chingada a individuos probablemente superiores a ti y a mí. Encabronada, optará por el silencio y el encierro con tal de no tocarte (Lo cual no significa que no notarás los relámpagos sobre su cabeza). Esperará lo mismo de ti a pesar que no puedas ni quieras. Una gran virtud suya consiste en que te observará, te medirá, y concluirá con precisión cuándo sí y cuándo no soportarás su trance de pésimo humor.

Te sugiero encarecidamente que si se planta al lado tuyo, muy seria y no ha sido tu culpa, le ofrezcas pistaches pelados. Si no los acepta y se marcha callada, ponte de rodillas y agradécele a tu dios infinitamente que ese huracán categoría 5 no tocara tierra. Si los acepta, lo peor ya pasó, suspira aliviado y reconoce humildemente que ella te ha leído lo suficiente como para exhibirse delante de ti, dispuesta a desahogarse contigo porque será el instante adecuado. De veras, créeme: De nada te arrepentirás más -si sucede- cuando te falte.

Sexo. Te suplico que asumas que si a ti no te interesa lo que pueda decirte acerca de ello, a mí menos: Son algunas de mis mejores memorias. Pero debo enumerarte ciertos rasgos que no son atribuibles a mí y que ojalá goces pues se trata ni más ni menos que de ella, de las frutas más atractivas que surgen del fondo de sus raíces ocultas a la vista de los demás.

Cuando llueve -tromba o llovizna-, tarda poco pero es más probable que tenga un orgasmo. Nunca finge uno, razón adicional de inmensa gratitud. Le gusta más por las mañanas, cuando no hay que lidiar con luces prendidas o apagadas. Si se separa de ti luego de abrazarte por un rato, déjala: Le da mucho calor el descanso posterior, no es que te rechace. Ya volverá, particularmente cuando estés completamente dormido porque así puede acomodarse como le guste a tu costado. Le fascinan los rapidines, pero, igual ya lo advertiste, paradójicamente su sentido del pudor evita toda acción en baños, elevadores, fiestas de XV Años, viajes en carretera…

Me parece que hasta ahí. El resto escapa a la órbita de tu incumbencia. Estudió Física para joder a su mamá, que la quería egresada de Historia del Arte nomás para conseguirle un marido rico con el cual casarla. Los días de calor, cerveza y más cerveza; los de frío, té a pastos con limón y mascabado. Dibuja y muy bien, pero le da tanta pena -ignoro el motivo- que lo hace únicamente bajo estrés. Odia el sushi y la arquitectura mexicana, ama el pibil y los ensayos de Paz sobre Heisenberg. Lo que ella es (Su cuerpo, su forma de ser, su ideología, su aspecto vulnerable, su pintoresca familia, su sarcasmo finísimo), lo que ella podría explorar de sí misma, no son características que debieras cambiar.

O lo vas logrando de manera tangencial. Por ejemplo, esta carta: Deslicé pequeñeces de sus defectos, indispensables para contextualizar sus magnificencias y, sobre todo, conocerla hasta sus más sutiles complejidades. Indicativo de que no aplicó la censura previa: Quiere ser honesta contigo, pero también consigo misma, quiere evolucionar tomando en cuenta la opinión de alguien que era muy íntimo. Eso, extraño mío, supone un avance que yo no alcancé, uno que, te juro, ella ansía que tú también alcances; al fin y al cabo, no lo hizo por nadie más que tú.

Otro ejemplo: Nunca nadie se ha inscrito junto a ella en un concurso de salsa -su placer culpable-, y se muere de ganas por bailar sobre la duela de un amplio salón. Roza su perfil competitivo y emociónala entregándole uno de esos pocos trofeos que no posee. Recuerdo que me dijo cierto sábado que su intérprete favorito es un tal Antonio Cartagena. Averígualo tú. Serían bonos extra.

Sobra decirte, a estas alturas, que no le falles. Que dejes a un lado tu machismo y la sensación de control que suele originarse mientras exploramos, curioseamos, nos exponemos. Que esta carta no altere tu estado de ánimo, sino tu perspectiva, la misma que la humanidad dice ya saber demostrando lo contrario: Amar es el camino, no el final; es el medio, no el objetivo; es el peligro, no la conformidad; es aprendizaje, perenne y confuso, no graduación. No tengo noticia todavía de un muro donde cuelgue semejante diploma.

Por cada uno de los días que has amado y te han herido, ella apuesta por ti. ¿Qué te estás jugando tú por los de ella? Es muy humano recelar porque se tiene miedo de sufrir. Sin embargo, la idea detrás de planificar con ella los fines de semana (¿Ya te venció en el dominó?) es que puedes morir dentro de los próximos 5 segundos y prefieres olvidar ese hecho, obviar tu miedo a la muerte, sentirte vivo por ella. Y si te hace sufrir -porque nadie es perfecto-, recuerda: Más vale ella que alguien que no te ame.

Les deseo una relación cariñosa, estrecha, balanceada y larga. En ese orden. Por fortuna, depende exclusivamente de ustedes 2.

 

 

ATTE

 

El fantasma de sus Navidades pasadas

 

 

P.D.: Quema la carta tan pronto la hayas memorizado. Me gustaría que quedara como secreto nuestro lo que opino de ella y su brillante idea de la “carta de recomendación”.

 

Verano de 1716.

 


Alejandro Rabelo García

Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982). Desde la preparatoria escribe los relatos que ya perfilan la constante de su estilo (El suspenso, la muerte como decisión, el humor negro, el amor que no redime). Cursando la carrera de Comunicación en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), en 2002, obtiene el 3er lugar en el Concurso de Ensayo Universitario, con la pieza Échame a mí la culpa de tu desgracia, Juárez, apreciada por el jurado por “su sentido lúdico de revisar con polémica de uno de los personajes más grandes de la historia de México”. Se decide por el ejercicio del periodismo, iniciando colaboraciones en medio locales (Presente, Tabasco HOY) y regionales (Diario de Oaxaca, Liberal del Sur). Desde 2006, abre su blog acrofobos.wordpress.com, aún activo. Como periodista cultural, sus esfuerzos por ampliar los horizontes de dicha fuente (Añadiendo, por ejemplo, la divulgación de ciencia y tecnología, y aspectos de políticas públicas) y enriquecerla con reportajes de investigación, se ven coronados con la nominación al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, por su reportaje En busca del sepulcro perdido de Cuauhtémoc, publicado en las ediciones del 14 al 17 de octubre del diario Tabasco HOY. En 2008, resulta ganador del Certamen Nacional de Ficción Playboy México, con la pieza La antropomorfosis, publicada en la edición de diciembre de aquel año. En 2015, aparece –como prologuista y autor del ensayo Un modelo posible de alternancia– dentro del libro Tabasco. Alternancia y democracia, autoría del intelectual Miguel Antonio Rueda de León, editado por la UJAT. En 2016, prologó la segunda parte de la trilogía, Tabasco. Gobierno ejemplar. Publicó Grimorio de los amores imposibles, en 2017, y La invención del otoño, en 2018, para la plataforma Amazon.

 

El cuento “Carta de Recomendación” se incluye en Grimorio de los amores imposibles, publicado en 2017

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