Adiós Tulum | Por Rodrigo De la Serna

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Por Rodrigo De la Serna

Cinco años ya… Un lustro ha transcurrido desde que dejé el Caribe Maya Mexicano. Vivo y estoy bien, pero aún no puedo, no quiero, olvidar que allá viví 27 años… allá renací, enterré mi tuch, me nació un hijo, parí libros, vi árboles crecer entre huracanes, amig@s y canciones. Y parte de esa buena vida fue en Tulum.   

Entre nostalgia y coraje, he sabido que entre Cobá y Tulum se reactiva la obra de un aeropuerto internacional, otra decisión desde “las altas esferas”. Aquí unos pormenores del negocio: https://www.milenio.com/politica/comunidad/aeropuerto-tulum-gobierno-inicia-proceso-construirlo

El pretexto, tal como ha sido desde la colonia y don Porfirio, es lo de siempre para la comunidad maya: modernizar, actualizar, mejorar. En la actualidad priva el artificio turístico, lo apuntala la clase empresarial y política en turno; y un aeropuerto en Tulum es la “nueva” piedra angular del plan maestro en turno. Al parecer no basta con el tren que viene, no. Hay que desarrollar más aunque signifique el trastorno de una región.

No basta con el desastre ambiental, ecológico, socioeconómico, logrado al norte de Quintana Roo en manglares, arrecife, cenotes, la exponencial contaminación de ecosistemas, la gentrificación total en Cancún, Playa del Carmen, Puerto Morelos… Pareciera que se necesita lo mismo en Tulum, y entre más pronto mejor; en los negocios lo que vale es que se hagan… y rapidito. Ya después se verá, cuando el sitio quede como Acapulco y los mencionados.  

En altas esferas todavía hay quien afirma que los resultados sociales al norte de Q Roo son favorables al 99%. A diario lo exponen en sus plataformas, medios y tribunas oficiales, en publicaciones turísticas y de promoción. Esas buenas conciencias vuelven a la carga con otra necesidad creada por ellos: la construcción nunca debe parar. ¿Por qué?: por la mano de obra (cientos de miles) que la nutre. Y los cientos de millones que se obtienen.

Este desastre anunciado de motores de avión, cemento, motos, autos, camiones, aires acondicionados, la contaminación visual y demás escándalo inherente a la multitud, estará a la moda: está en manos de militares. Demos por hecho que en automático contará con todos los estudios, normas y permisos que avalan una obra semejante. También así lo ostentaban los “planes maestros” para Cancún, el municipio Solidaridad, la Riviera Maya, Puerto Morelos, Bacalar. 

En el mundo real, además de las buenas intenciones de empresas y gobiernos participantes en el aeropuerto internacional en Tulum, también existen otras causas y consecuencias. Semejantes decisiones se ven muy bien en papel y la pantalla, en especial cuando son de grupos corporativos, contratistas, caciques y políticos involucrados. 

SOBREVUELO DE LA CICATRIZ

Los planes maestros de la “edad dorada” (de don Porfirio al salinato), han sido rebasados por una competidora testaruda: la realidad. Más aún: ha sido en el corto plazo, el principio práctico que más gusta respecto a ganancias. En el medioambiente los macro efectos han sido devastadores en manglares, sistema arrecifal, cenotes, mantos freáticos y otras áreas sensibles. A corto plazo (1974-2021), los causantes más directos han sido (y son), tales planes maestros para el turismo desmedido, que requiere cientos de miles para el servicio.   

Esa adicción a más y más infraestructura, ha generado hechos deplorables en el tejido social; destacan migración y gentrificación descontroladas, la violenta vida común inherente a zonas marginadas, fragmentación familiar, abuso generalizado. Tales fracturas no van a la baja, al contrario. Y hace ya décadas que la comunidad demanda a sus dirigentes, otra actitud y propuesta respecto al empeoramiento del medioambiente y vida diaria. 

Empresariado y clase política no hicieron nada ante el deterioro del sistema Nichupté, menos para siquiera paliar el desastre en Playa del Carmen, nada en Xcacel… nada ante las dentelladas de bancos y usureros a deudores menores. Tuvo que actuar la gente, no sus aparentes representantes. A través del Barzón, de grupos sociales sin nada que ver con el gobierno, de tomas a la brava de playas y predios en nombre de “mariguanadas”: como el mar limpio, echarle una mano a las tortugas, querer Puerto Morelos como parque nacional, la necesidad de otra economía política. O viceversa.

 Sólo así se matizó un uso y costumbre: dejar todo en manos de altas esferas. Sin embargo, y a pesar de diversas señales y de transformación en varios niveles, la iniciativa privada y la clase política no hallan cómo salir de su propio laberinto: el turismo la única inversión, la única política pública desde 1974. Y esa ilusión al parecer también la padecen en el gobierno federal.

Antes que por el principio del servicio a la región y sus habitantes, el Estado quintanarroense ha seguido lineamientos en los que el bienestar común, el medio ambiente, la cultura e historia regionales, se relegan a un tercer o cuarto sitio. “Gilberto ‘88” dio la pauta para poner atención en la relevancia de la vida local, su economía, el mercado interno.

Todo lo anterior: el Quintana Roo del siglo XX, a partir de 2007 se ha trastornado para peor. Al igual que el resto de la república, el plan maestro para la región se presentó de otro modo: el ejecutivo en turno sintiéndose militar y la economía “ilegal” desatada con matazones, extorsión, levantones, derecho de piso, secuestro, trata de personas. Y droga barata y a la mano para cierto turista (¿de qué país será ese turista?).

EN EL SIGLO DIGITAL

Semejante macroproceso en Quintana Roo, aquí burdamente esquematizado, hasta ahora no refiere logros comunitarios del binomio estado-iniciativa privada, que los hay. (Tampoco se adentra en hechos de la actual pandemia, aún sin resultantes finales; junto a otros jinetes ambientalípticos, entramos al segundo año de la peste, que se ha cebado duramente en la población inherente a la industria turística. Desde aquí un abrazo a todo afectad@ por este triste capítulo). 

 Respecto a logros, sin duda un alto porcentaje del extenso sector servicios aún concuerda y cree en la economía en boga desde 1974; igual en la industria micro, pequeña, media y grande, por completo dedicadas al turismo y derivados, “donde siempre hay trabajo”. No obstante, ese entusiasmo y creencia han ido minándose, no tanto por revoluciones políticas o filosofías exóticas, sino por la metamorfosis del turismo, sus nuevas facetas. Las cifras dejaron de ser alegres hace lustros.

Poco antes de 2000 entró a la mesa un nuevo jugador de altas esferas: el club bienes raíces-real estate. En 2005, el norte del Caribe Maya Mexicano fue trastornado por “Wilma”… una primera muestra del trastorno medioambiental en ciernes. Poco después, con el macro fraude bursátil de 2008 el castillo de naipes inmobiliarios se vino abajo, se reventó la burbuja y dejó encuerados a inversores y clientes digitalizados; comenzó la precarización del otrora paraíso en Cancún y Playa del Carmen, bien acompañada por los nuevos inversionistas: la delincuencia organizada. 

En este arbitrario recuento, es posible creer que desde el sustito del Dragon-Mart, se han abierto otros canales entre empresa/estado turísticos, y el resto de la sociedad en el Q Roo del siglo XXI. Por otra parte, las clases sociales ya no son las típicas tres de antes: baja/media/alta. Hoy contamos, se supone, con más acceso a información y cobertura; en el juego político hay otros participantes además de dinosaurios y tecnócratas. 

Entre ello está la reciente camada de la industria 4.0, que se supone ya es consciente del desastre ecológico debido al turismo de multitudes. Hay hípsters y formales, emprendedoras y emprendedores reloaded, funcionarios dirigentes… de quienes se supone (así pregonan en sus redes sociales), no están de acuerdo con que se talen cientos de hectáreas, o que se arrase el manglar, que la playa deje de ser de pesca y desove de tortuga. Algunos, nada quieren saber de hotelotes ni plazotas comerciales… cosas de sus papás.

¿Qué hace la nueva generación industria 4.0, hoy que se insiste en hacer a huevo un aeropuerto en Tulum? Se supone que ya saben que ahí yacen los ancestros más antiguos, seguro hasta han buceado en esa maravilla de ríos subterráneos, alguna vez tuvieron un rave fantástico en un hotel-boutique. 

¿Es tan ingenua, o tan mezquina, esta nueva generación empresarial como para soslayar las graves consecuencias histórico-medioambientales de un aeropuerto?, ¿en una zona tan frágil como son los sistemas acuíferos que recorren el subsuelo? Los aviones no serán de papel, no…

¿Seguirá la clase política del siglo XXI actuando con los mismos lineamientos del siglo pasado? A primera vista sí, desde el instante que se retoman obras como el aeropuerto que se quiere en Tulum, y los representantes ciudadanos en los tres niveles de gobierno lo permiten, casi declamando con descaro las mismas viejas razones de tiempos idos.

POSDATA: NO TENGO OTROS DATOS

En la visión práctica de altas esferas, la lógica financiera, la que sí vale, guía sus planes maestros. Esas prospectivas infalibles ¿toman en cuenta hechos previsibles como lo que acaecerá en Cancún si su aeropuerto deja de ser 2° a nivel nacional? 

¿Hace cuánto que el marketing se fijó el objetivo el turista post 2012?, es decir, quienes preferirían arribar directo a Tulúm y resto del mundo maya (más eco, más limpio, más ad hoc a millenials y generaciones Z, arcoíris, de cristal), en vez de ir adonde va el turista modelo siglo XX: aglomeraciones, contaminación, multitud, colonias sin orillas junto a campos de golf, hotelotes compartidos, sólo sol y playa.   

En los “polos turísticos” modelo siglo XX hay hechos ya viejos, tanto, que los muestran como ejemplos a no seguir, no repetir ni de lejos la modernización, el progreso estilo Playa del Carmen y Cancún. Pero tal como corresponde a nuestra especie, aún hay quien quiere refrendarlos al pie de la letra. Y un aeropuerto en Tulum es la mejor piedra angular del plan maestro en turno.

No es suficiente un tren de alto impacto, como el que ya está en obras y del que están por verse sus efectos a corto plazo. No basta con el gradual deterioro de la zona arqueológica, la mortal especulación inmobiliaria sobre la propiedad comunal; y no importa si colapsan los sistemas acuíferos subterráneos -donde yacen los ancestros más antiguos de Quintana Roo. ¿A quién le interesa la vigencia del santuario de la cruz parlante maya?

Anunciado de nuevo el macroproyecto del aeropuerto internacional en Tulum, a pesar del tiempo y la distancia repito lo dicho: pareciera que el objetivo real es que el desastre permanezca. 

 

La Bellavista SMA

agosto 2021

 

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