PLAYA DEL CARMEN, MX.– El ingeniero Roberto Núñez Proulx, visionario detrás de importantes proyectos de desarrollo en la Riviera Maya, encabezó recientemente el banderazo de entrega de una vialidad de 2.5 kilómetros que conecta directamente a las comunidades de Santa Cecilia, Vida y Esperanza, Emiliano Zapata, Valle Verde, Salán y Flamboyanes. Esta obra representa no solo una mejora en infraestructura, sino un punto de inflexión histórico para más de 2,000 habitantes que, por más de tres décadas, han vivido sin acceso digno a pavimentación, servicios básicos ni conectividad formal con el resto del municipio.

Diseñada como un gesto tangible de integración territorial, la vialidad fue construida sin costo para las comunidades y se convierte en un símbolo de colaboración entre actores sociales, propietarios de la tierra y el equipo técnico que respalda al desarrollo Makaro. En palabras del propio Núñez Proulx: “Este camino no es solo asfalto. Es conexión, es acceso a educación, salud, oportunidades. Es dignidad para quienes han sido olvidados por años”. El acto inaugural, sencillo pero cargado de simbolismo, fue acompañado por representantes comunitarios y productores locales que reconocieron públicamente la apertura y voluntad de diálogo que permitió hacer realidad una demanda histórica.

Con una trayectoria marcada por la innovación urbana y el compromiso social, Núñez Proulx ha convertido a Makaro, ubicado estratégicamente a escasos metros de las comunidades beneficiadas, en una plataforma no solo de inversión inmobiliaria, sino de transformación comunitaria. Concebido como un desarrollo eco-residencial de más de 50 hectáreas, Makaro integra urbanismo de bajo impacto ambiental con una propuesta de integración social responsable, en sintonía con el nuevo contexto regional impulsado por el Tren Maya.

La entrega de esta vialidad marca también el inicio de una agenda social más amplia en la región. Durante el evento, Núñez Proulx compartió su visión sobre el rol del sector privado en contextos de desigualdad estructural: “El verdadero desarrollo no se mide por metros cuadrados vendidos, sino por el impacto que podemos tener en las personas que comparten este territorio con nosotros. Si queremos construir comunidad, debemos mirar más allá del límite del plano”.

En esa línea, se anunciaron futuras intervenciones en colaboración con líderes comunitarios y asociaciones rurales, como la rehabilitación de espacios comunes, apoyo a escuelas locales como el plantel “Kaxan-Naat” y la primaria “Ilario Ramírez Gordillo”, y acompañamiento en proyectos productivos que permitan mejorar la autosuficiencia de las familias de la zona.

 

La voz de la comunidad fue clara: el impacto ya se siente. Juan Carlos Cobos, presidente de la Asociación de Productores Rurales, agradeció públicamente el gesto del ingeniero, destacando que “por fin se sienten parte de un proyecto que no solo se construye, sino que también los incluye”. Su mensaje fue respaldado por vecinos que, por primera vez, vislumbran un futuro en el que sus hijos podrán caminar a la escuela sin embarrarse, llegar a sus trabajos sin rodeos de terracería, y sentirse parte de un territorio que avanza.

 

En una región que ha sido motor turístico y económico del país, pero donde la desigualdad aún dibuja límites invisibles, iniciativas como la liderada por Roberto Núñez Proulx marcan la diferencia. No por su escala, sino por su enfoque: construir con la gente, no a pesar de ella.

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