Más de 400,000 personas se congregaron en Roma para despedir al papa Francisco, fallecido el pasado lunes. La ceremonia fúnebre se llevó a cabo en la plaza de San Pedro, seguida por un cortejo que trasladó el féretro a la basílica de Santa María la Mayor, lugar elegido por el pontífice para su sepultura. El entierro se realizó en una ceremonia privada, con la presencia de familiares y del cardenal camarlengo.

Delegaciones de 148 países y territorios, incluidos Palestina y Kosovo, asistieron al funeral, destacando la presencia de 10 monarcas y representantes de 10 organismos internacionales. La representación española estuvo encabezada por los reyes Felipe VI y Letizia.

Entre los asistentes internacionales se encontraban los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Ucrania, Volodímir Zelenski, quienes mantuvieron un encuentro de 15 minutos calificado como “muy productivo”, con planes de continuar las conversaciones durante el día.

La ceremonia fue presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, quien destacó en su homilía la humildad y cercanía de Francisco, así como su compromiso con los marginados y su impulso por una Iglesia más abierta e inclusiva.

El traslado del féretro recorrió seis kilómetros por las calles de Roma en el papamóvil, obsequiado al pontífice durante un viaje a Oriente. A su llegada a Santa María la Mayor, fue recibido por 40 personas representativas de los márgenes sociales —transexuales e inmigrantes— quienes portaban rosas blancas, símbolo de su devoción mariana. La sepultura fue sencilla, conforme a su deseo, con solo su nombre en latín, “Franciscus”, inscrito sobre la tumba.

El funeral de Francisco no solo marcó el final de un papado, sino que también abre una nueva etapa para la Iglesia, que deberá decidir si continúa con las reformas iniciadas por él o retorna a posturas más tradicionales. (Agencias)

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