Home Yucatán Merida YUCATÁN | Infancias en pantalla: Angelito y Ariani, entre la promoción cultural...

YUCATÁN | Infancias en pantalla: Angelito y Ariani, entre la promoción cultural y el debate ético

0
60

Por Miguel Cocom e Itzel Chan

MÉRIDA, MX.-Angelito y Ariani no tienen más de seis años, pero sus rostros ya son conocidos en cientos de miles de pantallas. Se les ve hablando, cantando o contando historias en lengua maya, con una soltura que arranca sonrisas y aplausos. En Facebook y TikTok, donde sus videos se vuelven virales, han conquistado no solo a Yucatán, sino también a comunidades migrantes y a quienes añoran escuchar las lenguas originarias. En solo unas semanas, Angelito generó más de 375 mil interacciones; Ariani, con menor tiempo en línea, superó las 216 mil.

El fenómeno que representan parece tener una cara luminosa: son niñas y niños que hacen de la lengua maya algo cotidiano, vivo, entrañable. Sus familias aseguran que lo hacen por amor a sus raíces, y muchos usuarios los celebran como “orgullo de su pueblo”, alentándolos a continuar. “Que nunca dejen de hablar su idioma”, se lee en los comentarios.

Pero no todas las reacciones son de entusiasmo. Desde que Angelito apareció en un video promocional de una tienda junto a su padre, comenzaron las voces críticas: ¿es sano que un niño trabaje para redes sociales?, ¿quién controla la frecuencia de grabaciones?, ¿se está lucrando con su imagen?

Su padre, joven rapero en maya, ha dicho que el objetivo es educativo y que su hijo no está obligado a grabar. Sin embargo, los comentarios negativos –más de 9 mil en sus últimas publicaciones– revelan un debate que va más allá de una familia: ¿hasta qué punto la visibilidad se convierte en explotación?

A diferencia de Angelito, el caso de Ariani ha sido menos polémico. Sus videos suelen mostrar saludos, mensajes positivos y visitas a pequeños negocios, lo que ha generado simpatía. Pero también ella encarna una infancia expuesta públicamente, con responsabilidades poco comunes para su edad.

Niños influencers: ¿trabajo o visibilidad cultural?

Ambos menores son celebrados como embajadores de la cultura maya. Pero también son menores con identidad digital construida desde la infancia, en una actividad que aún no tiene regulación. ¿Quién decide cuándo es suficiente? ¿Quién se beneficia de los ingresos? ¿Quién cuida su bienestar?

En México, las leyes laborales prohíben el trabajo infantil antes de los 15 años, salvo en espectáculos regulados. Pero ser influencer no entra en ninguna categoría. No hay horarios límite, ni protección emocional, ni lineamientos sobre uso de imagen o acceso a ingresos.

“El Estado se escandaliza con el trabajo infantil agrícola, pero no ha dimensionado lo que ocurre en el entorno digital”, señala Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes Infancia. “No toda actividad económica es explotación, pero si afecta el derecho al juego, al descanso o a la salud, lo es”.

Una zona gris legal

La Secretaría del Trabajo no puede intervenir sin una relación laboral formal. El DIF y las procuradurías de infancia solo actúan ante denuncias, pero no tienen criterios para evaluar si grabar cinco veces al día es abuso. Las plataformas digitales, por su parte, delegan toda responsabilidad a los padres.

“El interés superior de la niñez no puede quedar a la buena voluntad familiar ni al algoritmo”, advierte Juan Martín. “Estos niños son instrumentalizados para fines económicos, y nadie lo está regulando”.

La diputada yucateca Larissa Acosta Escalante, de Movimiento Ciudadano, coincide: “No se trata de censurar, sino de garantizar derechos. Se deben limitar horarios de grabación, asegurar acceso a la educación y reservar parte de las ganancias para su futuro”.

En teoría, las plataformas prohíben cuentas para menores de 13 años. En la práctica, muchos lo eluden. “Estas reglas existen por razones de desarrollo neurológico”, explica Juan Martín, “pero los niños virales siguen en línea, sin acompañamiento”.

Silencio legislativo

Aunque en el Congreso de la Unión ya se han presentado propuestas para regular a influencers, ninguna contempla explícitamente a niñas y niños. La palabra “niñez” ni siquiera aparece en los dictámenes.

En Yucatán, tampoco hay un debate abierto. Diputadas con agenda en temas mayas o de derechos infantiles declinaron opinar. La presidenta de la Comisión de Desarrollo Humano, la de Cultura Maya y una diputada mayahablante fueron consultadas, pero su respuesta fue la misma: “sin comentarios”.

Ese silencio ilustra la incomodidad de un tema que exige posicionamientos claros. ¿Quién alza la voz cuando los derechos de la infancia están en juego?

Cultura sin cuidados

Angelito y Ariani son más que niños graciosos en videos virales. Son ejemplos de una tensión urgente: entre el deseo legítimo de visibilizar una cultura y el riesgo de colocar a la infancia en una vitrina sin reglas.

Ni Juan Martín ni la diputada Acosta piden apagar sus cámaras. Lo que exigen es que México piense con seriedad: ¿cómo proteger a los menores cuando lo digital se convierte en trabajo? ¿Cómo garantizar que no pierdan su infancia en nombre de la fama?

La lengua maya merece espacios. Pero no a costa del descanso, la salud o la alegría de ser niño. La viralidad no debe ser más fuerte que los derechos.

Comentarios en Facebook
error: