La dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, defendió los viajes al extranjero de destacados militantes —entre ellos líderes como Andrés Manuel López Beltrán, Ricardo Monreal y Mario Delgado— alegando que fueron costeados con recursos propios y, por tanto, no constituyen actos de corrupción. No obstante, llamó a sus correligionarios a “vivir en la justa medianía” y ejercer el poder con humildad, en línea con los lineamientos éticos del partido.

Alcalde sostuvo que los viajes “no son delito ni acto de corrupción” porque fueron financiados con dinero propio. Sin embargo, resulta contradictorio exigir austeridad pública mientras se celebran escapadas de lujo bajo el argumento de “privacidad financiera”.

Además, la dirigente insistió en vivir con humildad y evitar ostentación. No obstante, esta exhortación no incluye sanciones ni límites claros: ¡viajar está permitido siempre y cuando no derroches! ¿Dónde queda la responsabilidad ante la imagen pública que profesa austeridad?

Luisa María Alcalde, presidenta de Morena.

Crítica selectiva y discurso de oposición

Alcalde señaló al pasado derroche de gobiernos anteriores, contrastándolo con la supuesta conducta actual. Pero omitió que figuras públicas del partido siguen siendo captadas en hoteles cinco estrellas, con vestimenta de lujo e incluso compras en tiendas de alto nivel.

Alcalde avaló el mensaje de austeridad promovido por Claudia Sheinbaum, pero su propia respuesta carece de contenido sancionador, lo que refuerza percepciones de un doble discurso: austeridad de palabra, lujos de hecho.

Para los analistas, exigir austeridad y moderación mientras se permite que élites del partido gocen de privilegios económicos plantea un choque entre imagen y realidad. Sin normas claras y mecanismos de control, el discurso de la “justa medianía” se queda en retórica. Morena necesita coherencia interna: sin reglas concretas que limiten lujos personales, el mensaje pierde credibilidad y abre espacio a cuestionamientos éticos. (Agencias)

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