El baloncesto profesional se ha convertido en un fenómeno mundial de entretenimiento que genera miles de millones de dólares y transforma a sus jugadores en ídolos culturales.

Cuando se ve un partido actual con marcadores altos y un ritmo vertiginoso, es fácil pensar que siempre fue así, aunque la historia dice otra cosa. La liga estadounidense estuvo a punto de desaparecer en varias ocasiones por falta de interés o por problemas estéticos en el juego, pero su supervivencia se ha logrado gracias a ciertos cambios en el reglamento.

Actualmente, es uno de los deportes más seguidos en el mundo, y que mueve más activos, especialmente en las apuestas NBA, siendo una de las opciones más queridas por los fans de los deportes.

La ecuación que prohibió perder el tiempo

La noche del 22 de noviembre de 1950 se vivió el momento más tenso en la historia del torneo, cuando los Fort Wayne Pistons jugaron contra los Minneapolis Lakers en un partido que terminó 19-18. Un partido profesional con marcador de un solo cuarto.

En ese entonces no había tiempo límite para lanzar a canasta, lo que hacía que el equipo que se adelantaba en el marcador se limitara a retener el balón indefinidamente. Se la pasaban sin intención de atacar para que el tiempo se agotara y el oponente no tuviera chance de volver a tomar la ventaja.

Claramente, el público abucheó todo el partido y exigió que le devolvieran su dinero por la inacción.

La respuesta vino de Danny Biasone, propietario de los Syracuse Nationals, que supo que tenían que forzar a los equipos a tirar para hacer el juego entretenido. Su solución era limitar el tiempo que debía durar una posesión, y para ello aplicó una lógica matemática después de haber estudiado los partidos más emocionantes de años anteriores; así fue como se dio cuenta de que los equipos lanzaban unos 60 tiros cada uno.

Esa conclusión implicaba 120 tiros por partido. Entonces cogió la duración total del juego en segundos, 2880, y la dividió entre los 120 lanzamientos que quería. El resultado fue exactamente 24. Ese número salvó al deporte con la oficialización del reloj de posesión en 1954.

Después de este cambio, los promedios de anotación se dispararon inmediatamente, haciendo que el juego fuese tan rápido como un campeonato de motocross. Fue la mayor intervención de la historia de la liga porque le dio prisa a cada posesión.

La geometría que revolucionó el campo de juego

Durante décadas, el baloncesto se jugó prácticamente debajo del aro. Los hombres altos acaparaban la pintura y el juego se volvía rudo y apretado porque no había razón para tirar de lejos.

La ABA, una liga competidora que intentó innovar, trajo la línea de tres puntos para hacer el juego más emocionante. La NBA se negó a reconocerla durante años, considerándola un número de circo indigno del deporte.

Finalmente, con la necesidad de liberar espacios en la cancha, la liga implementó el arco de tres puntos en 1979. Al comienzo, muchos entrenadores ortodoxos y jugadores tradicionales veían esta innovación con recelo porque afirmaban que era una perversión que corrompía el juego.

Pero con el tiempo, los equipos captaron que anotar de a tres era más rentable que luchar contra colosos debajo del aro. Esta norma no solo hizo que el marcador aumentara, sino que cambió todo el juego, pues la amenaza del tiro lejano obligó a las defensas a salir de la cueva y cubrir más terreno. Esto abrió espacios interiores para los jugadores más rápidos en penetrar a la canasta.

Sin la línea de tres puntos no existiría el baloncesto moderno de ritmo y espacios, porque los diez jugadores estarían amontonados en una pequeña área luchando cuerpo a cuerpo, lo cual haría el juego lento y aburrido.

El fin de la lucha libre y la libertad para el talento

A finales de los años 90 y principios de los 2000, la NBA vivió otra crisis de identidad distinta a la de los años 50. El juego se había vuelto demasiado físico, demasiado defensivo.

Equipos como los Knicks o los Heat transformaban los partidos en guerras de desgaste en las que agarrar, empujar y golpear estaba permitido bajo el laxo arbitraje. Las estrellas ofensivas no podían explotar porque los defensivos podían ponerles las manos encima y controlar su movimiento, y claro, esto terminó haciendo que los marcadores se desplomaran y la belleza de las transmisiones se esfumaran.

La liga tomó medidas enérgicas en 2004 con la prohibición total del hand-checking. Esta regla prohíbe que un defensor ponga sus manos sobre un atacante en el perímetro para detenerlo o para sondear su dirección. Y aunque sea un cambio leve en el papel, cambió todo a favor del ataque en la práctica.

Al desaparecer el contacto físico en el campo exterior, los bases veloces y hábiles fueron liberados. Ya no necesitaban ser superfuertes para aguantar los golpes de los defensas, y gracias a ello, hemos tenido una nueva generación de estrellas más ágiles, con mejor control de balón y mejor tiro de larga distancia.

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