Israel afirmó haber matado a Ali Larijani, uno de los principales líderes políticos y de seguridad de Irán, durante una serie de bombardeos en Teherán que forman parte de la escalada militar en la región.
El gobierno israelí sostuvo que el ataque tenía como objetivo directo al secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, considerado una de las figuras más influyentes del régimen y pieza central en la toma de decisiones estratégicas.

Horas después, autoridades iraníes confirmaron la muerte, aunque minimizaron el impacto al asegurar que la estructura del poder no depende de un solo dirigente.
Larijani era un político de larga trayectoria, con peso tanto en el ámbito militar como diplomático, y había asumido un rol clave tras la muerte del líder supremo Ali Jameneí semanas antes, en el contexto de la actual guerra.
En el mismo operativo también habría muerto Gholamreza Soleimani, jefe de la milicia paramilitar Basij, uno de los pilares del aparato de control interno iraní.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, defendió los ataques como parte de una estrategia para debilitar a la cúpula iraní y presionar un eventual cambio interno, aunque analistas advierten que el sistema político del país ha mostrado capacidad de resiliencia ante la eliminación de altos mandos.
El asesinato selectivo de dirigentes forma parte de una ofensiva más amplia de Israel —en coordinación con Estados Unidos— contra objetivos militares, de inteligencia y de liderazgo en Irán, lo que ha intensificado el conflicto sin señales de una desescalada inmediata. (Agencias)












