Por Itzel Chan
MÉRIDA, MX.- En el sureste de México, donde la industria petrolera ha marcado el paisaje y la vida desde hace décadas, un nuevo estudio lanza una advertencia alarmante: la quema de gas fósil en mecheros —práctica conocida como flaring— está relacionada con un aumento en malformaciones congénitas, partos prematuros y otras complicaciones en la salud neonatal.
La investigación fue presentada por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) y la organización CartoCrítica, bajo el título “Impactos a la salud neonatal asociados con la quema y venteo de gas en el Sureste de México”. El trabajo se centró en la provincia petrolera Cuencas del Sureste —que abarca zonas de Tabasco, Veracruz, Chiapas y Campeche—, donde se concentra más del 80% del gas quemado en el país.
Los datos son contundentes: en zonas de alta exposición al flaring, el riesgo de anomalías cromosómicas en recién nacidos se incrementa hasta en un 87%, mientras que otras malformaciones congénitas aumentan un 84%. También se registraron tasas significativamente más altas de partos prematuros, y menores con bajo peso, talla reducida y puntajes APGAR bajos. Estos efectos se mantuvieron incluso al considerar factores como atención prenatal, nivel educativo materno, número de embarazos y pertenencia indígena.
“Esto no es una suposición: son datos. La quema de gas enferma desde antes del nacimiento. Las comunidades que viven cerca de los mecheros no pueden seguir siendo tratadas como zonas de sacrificio”, advirtió Manuel Llano, de CartoCrítica.
Carla Flores, también integrante de la organización, explicó que los mecheros liberan sustancias altamente tóxicas —benceno, hollín, óxidos de azufre, metano— vinculadas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer y anomalías genéticas. “Además, esta práctica provoca lluvia ácida que afecta cultivos, cuerpos de agua y la salud de las comunidades. Es una amenaza para la vida”, señaló.
La quema de gas no sólo es desmedida y descontrolada, añadió, sino que ocurre cerca de zonas densamente pobladas, tanto en tierra como en mar. “En estas comunidades hay reportes constantes de dolor de cabeza, tos, irritación ocular y cutánea. En los casos más graves, hay asma, bronquitis y cáncer”
México es uno de los principales países emisores de gas quemado: en 2023 ocupó el noveno lugar mundial con 194 mil millones de pies cúbicos liberados.
El caso de Tabasco, uno de los estados más afectados, fue expuesto por Juan Manuel Orozco, de Conexiones Climáticas. “En municipios como Paraíso, donde se construyó una refinería durante el sexenio de López Obrador, los partos a los siete u ocho meses son frecuentes, y ya se han registrado alteraciones genéticas en niños. Es escalofriante que haya escuelas colindantes con la refinería. Urge reubicarlas.”
En los complejos procesadores de gas de Cactus, Nuevo Pemex y Ciudad Pemex —todos en Tabasco— se maneja el 40% del gas de Pemex. La mala calidad del aire, especialmente durante el horario escolar, se ha vuelto cotidiana.
“Lo que encontramos es gravísimo. Las condiciones ambientales afectan la posibilidad de llevar una vida digna”, dijo Orozco.
Para Anaid Velasco, gerente de investigación y política pública del CEMDA, es momento de actuar. “No podemos seguir sacrificando a las comunidades más vulnerables en nombre de un desarrollo mal entendido. La justicia climática exige priorizar la salud materno-infantil desde un enfoque interseccional”.
El estudio concluye con un llamado claro: México debe romper su dependencia de los combustibles fósiles, reforzar la vigilancia por parte de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) y transitar hacia energías limpias.
“Se necesita una respuesta urgente del Estado. No podemos normalizar que nacer cerca de un mechero sea una sentencia de enfermedad”, reiteró Manuel Llano. (Noticaribe)













