Por Itzel Chan
MÉRIDA, MX.— La iniciativa impulsada por Morena para reducir la jornada laboral a 40 horas semanales enfrenta cuestionamientos tanto de organizaciones sindicales nacionales como de actores políticos de oposición, quienes advierten que, lejos de garantizar más descanso, el diseño actual de la reforma podría traducirse en mayor desgaste, jornadas extendidas y simulación de derechos laborales.
A través de un pronunciamiento público, organizaciones sindicales integrantes de la Mesa de Diálogo Sindical, la Asociación General de las y los Trabajadores y la Unión Nacional de Trabajadores reconocieron como un avance el planteamiento de la jornada de 40 horas, así como la prohibición de reducir salarios y prestaciones y la restricción del trabajo extraordinario para menores de 18 años. No obstante, alertaron que el dictamen contiene disposiciones que debilitan la reducción efectiva del tiempo de trabajo.
Uno de los principales señalamientos es que la iniciativa mantiene el esquema de seis días de trabajo por uno de descanso, sin avanzar hacia el modelo de cinco días laborales por dos de descanso, que subrayan, es lo que la mayoría de las personas entiende como una mejora real al hablar de “40 horas”. Además, advirtieron que la implementación gradual pospone el pleno goce de la jornada reducida hasta el año 2030, retrasando una demanda histórica de millones de trabajadores.
En ese mismo sentido se pronunció el diputado Gaspar Quintal Parra, presidente del PRI Yucatán, quien calificó la reforma como una simulación. “En México, cuando la gente escucha ‘40 horas’, entiende cinco días de trabajo y dos de descanso. Eso sería una mejora real. Pero Morena conserva seis días laborales. Así no cambia la vida del trabajador”, afirmó.
El legislador también cuestionó que los beneficios no sean inmediatos. “Morena quiere el aplauso hoy, pero deja el beneficio real para dentro de varios años. Eso es propaganda, no justicia laboral”, subrayó.
Tanto los sindicatos como el dirigente priista alertaron sobre otro punto crítico del dictamen: el rediseño de las horas extraordinarias y la posibilidad de jornadas combinadas de hasta 12 horas diarias. De acuerdo con las organizaciones sindicales, este esquema abre la puerta a la normalización de extensiones de jornada contrarias al espíritu de la reforma, mientras que Quintal Parra advirtió que permitir hasta 12 horas extra por semana podría derivar en jornadas de 52 horas o más.
“Con esta redacción, lo extraordinario se vuelve normal. Las horas extra podrían usarse de manera rutinaria para evitar contratar más personal, presionar al trabajador o alargar sus jornadas. El resultado sería más cansancio, no mejor calidad de vida”, sostuvo el diputado.
El pronunciamiento sindical también expresó preocupación por la redefinición de la jornada laboral al sustituir el concepto de “estar a disposición del empleador” por “desarrollar actividades subordinadas”, lo que advierten, podría excluir tiempos de guardia, espera o disponibilidad históricamente reconocidos como trabajo efectivo, propiciando subregistro del tiempo laboral y controversias legales.
Asimismo, señalaron que, sin negociación colectiva auténtica y representación sindical efectiva, la prohibición de reducir salarios puede incentivar la intensificación del trabajo, el aumento de ritmos de producción y la reducción de pausas, generando mayor desgaste físico y mental, riesgos de fatiga, estrés y accidentes, además de afectar la conciliación entre vida personal y laboral.
A ello se suma el riesgo de incrementar la informalidad y la simulación, especialmente en micro, pequeñas y medianas empresas, si la reforma no se acompaña de políticas públicas de apoyo, incentivos a la productividad y facilidades de cumplimiento. De lo contrario, advirtieron, la carga de la adaptación podría trasladarse indebidamente a los trabajadores.
Ante este escenario, Gaspar Quintal afirmó que el PRI sí respalda una reducción real de la jornada laboral, pero con reglas claras: 40 horas efectivas, cinco días de trabajo por dos de descanso, jornadas definidas de ocho horas, horas extra excepcionales y voluntarias, y apoyos fiscales para las empresas, particularmente las MIPyMES, para evitar despidos e informalidad.
“El objetivo no es maquillar números, sino mejorar la vida de las personas. Menos desgaste, menos gasto y más tiempo con la familia. Esa es la reforma que México necesita”, concluyó.
Por su parte, las organizaciones sindicales hicieron un llamado al Congreso de la Unión para abrir un proceso de diálogo social amplio, plural y vinculante, en el que la voz del sindicalismo sea escuchada de manera sustantiva, con el acompañamiento de instancias especializadas como la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
“La transformación del régimen laboral no puede construirse sin la participación activa de quienes sostienen todos los días la economía nacional”, concluye el pronunciamiento. (Noticaribe)













