Bacalar y el Distrito 13: o de las hipótesis a comprobar el 5 de junio | Por Gilberto Avilez Tax

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En estos días de “observación participante” en que he seguido a la candidata de izquierda por el distrito 13 para el Congreso local, Tania Casa Madrid, a lo largo de casi medio Quintana Roo, me ha sorprendido la enorme e inabarcable geografía de su distrito. Desde La Unión, pueblo extremo que crece en el corazón del Hondo y a un ladito de Belice, hasta Kantemó, pegado a Yucatán, pasando por las zonas limítrofes con Campeche y el Petén guatemalteco, abarca buena parte de la zona rural del municipio de Othón P. Blanco, todo Bacalar, y buena parte de José María Morelos. Además, se adentra hasta la costa caribeña. Junto con las 57 comunidades del municipio de Bacalar, Bacalar mismo, cubre la zona de los pueblos del Hondo, la región cañera, y como 20 comunidades más de José María Morelos.

A ojo de buen cubero, el número de comunidades rurales del Distrito 13 son más de 100 (calculo más de 120), y en este Distrito hay un abigarrado muestrario cultural: mayas yucatecos, personas de todos los puntos del país que vinieron a poblar Quintana Roo con las políticas de migración dirigida, “menonas”, las comunidades de refugiados guatemaltecos que vinieron huyendo del genocidio de Ríos Montt, los pueblos del Hondo influenciados en sus costumbres por la cercanía beliceña. Incluso existe una comunidad de totonacos, Nuevo Becar, donde el idioma y las costumbres papantlecas todavía resisten el paso de más de 30 años viviendo en el soporífero trópico. En fin, el Distrito 13, multicultural en toda la extensión de la palabra, embona a la perfección con la formación profesional de Casa Madrid. Sólo una antropóloga como ella, con trabajo social y de campo en las comunidades guatemaltecas, puede entender el significado de la otredad, de la diversidad, en esta parte del Quintana Roo profundo, rural y de tierra adentro, muy distinto al Quintana Roo que se promociona para el turismo. La disparidad económica con el norte, su asimetría y su subordinación política y económica, es un hecho muy presente en el discurso de Casa Madrid.

Ahora bien, el objetivo que persiguió el Comité Técnico para el Seguimiento y Evaluación de los Trabajos de Distritación del Instituto Nacional Electoral (INE), con observaciones y propuestas del Instituto Electoral de Quintana Roo (IEQROO), señalaba que una de sus razones para esta nueva distritación terminada en 2015 y que en estas elecciones ha entrado en vigor, estriba en el “equilibrio poblacional como criterio fundamental”, así como la “compacidad” y la “identidad cultural”. El Distrito 13, contando con 90,115 habitantes, tiene similar población con los otros distritos más pequeños.[1] Sin embargo, en términos de “compacidad”, de cercanía y de identidad cultural, es imposible decir que los objetivos se cumplieron.

Si echamos una leve mirada a la historia de Quintana Roo, comprobaremos fácilmente que los polos de mayor concentración poblacional, se dan en la zona de Chetumal y el norte de Quintana Roo: uno de larga data, y el otro, a partir del “giro turístico” con el inicio del Proyecto Cancún, el crecimiento exponencial de Playa del Carmen en la década de 1990 y en la primera década de este siglo, y la siempre presencia poblacional en las islas desde la Guerra de Castas. En los pueblos del centro de Quintana Roo, y en lo que en otro tiempo, cuando el chicle, se denominó “La Montaña” (casi todo el Distrito 13), su población siempre fue escasa. De ahí que este territorio se pespuntea con comunidades alejadas de zonas urbanas. Es, en lo que cabe, territorios del “voto verde” del priísmo tropical.

En estas regiones se concentran el mayor número de personas del campo que otrora fueron las líneas de choque para la pervivencia de los que se han considerado amos y señores de Quintana Roo. Los priístas, no me cabe la menor duda, le apuestan al voto verde desde hace años, saben que en el norte la tienen difícil pues en esa región turística de Quintana Roo se han suscitado los cambios políticos que comenzaron a romper el dispositivo carcelario de la “dictadura tropical” priísta en estas tierras quintanarroenses. En el norte están a la retaguardia los priístas, no pusieron candidato en Benito Juárez, pero pusieron al patiño de Greg Sánchez, aunque Julián Ricalde convence para ganar. El norte, desde luego, no es Mauricio Góngora: una sociedad informada y abierta, desde luego que se escora al joaquinismo, porque esta sociedad urbana es más atenta, decidida, y no omite a las redes sociales y los medios digitales de prensa para estar enterados y brincar los cercos mediáticos de una prensa adicta a la dictadura tropical priísta.

Si el priísmo le apuesta a obtener el mayor número de votos en el Distrito 13 y 12, el distrito 14 y 15 se ha convertido al Joaquinismo. Aquí, en tierras de Luis Torres Llanes, un ex priísta que conoce los entresijos y la manera como operan los priístas, un ex priísta con carisma si lo comparamos con la cara larga de la política de probeta que pusieron a contender para la presidencia de Othón P. Blanco, gana casi por default, de calle.

Sin embargo, considero que esta vez el Priísmo perderá no solamente en el otrora bastión priísta dentro del bastión priísta quintanarroense (me refiero a Chetumal), sino que es muy probable que pierda hasta en las zonas más apartadas de Quintana Roo: me refiero al distrito 12 y 13. En Felipe Carrillo Puerto siempre ha existido un grueso segmento de izquierda crítica al priísmo, hasta el punto de que han estado en el poder. Y en José María Morelos, los priístas la tienen más difícil que en Carrillo, pues ahí dos de los caciques –Domingo Flota y Pedro Pérez- le dividirán el voto verde al priísmo, amén de que el PT de allá puede sacar más que una regiduría si se apremia y se refuerza al final a la candidata Adriana Moreno con la estructura petista de Bacalar.

Pero el factor más importante para que el príismo quintanarroense pierda en el sur, está en Bacalar. Hace un año apenas, en las elecciones para la diputación federal, el hoy actual candidato a la presidencia municipal de Bacalar por el Partido del Trabajo, Mauricio Morales Beiza, le ganó a los priístas en la cabecera municipal de Bacalar, y en varias comunidades arrasó con los votos. El trabajo de Morales Beiza (y de Rivelino Valdivia, desde luego, miembro fundador del PT en Quintana Roo al igual que Beiza) en el sur de Quintana Roo, tiene más de una década: no son políticos improvisados, conocen a la perfección el municipio de Bacalar, lo han recorrido hasta el rincón más apartado, han creado estructuras de base comunal siguiendo propuestas del trabajo de masas maoísta, y con una planilla insuperable y atractivamente revolucionaria –darle voz a las comunidades- posiciona, al PT, como rival sin sombra frente a una maquinaria priísta oxidada, gastada y descarrilada por lo que pesa e implica el Borgismo, al igual que la figura espantable de un taquero que hizo todo mal en su trienio como presidente de Bacalar. Los priístas dieron por perdido Bacalar desde el principio, pues aunque digan que le dieron el camino libre a un cacique del magisterio de Bacalar para representarlos por componendas desde arriba, mirado desde fuera, al parecer es como si retrocedieron en sus intenciones de retener Bacalar.

Morales Beiza, además, tal vez esté haciendo ya historia: además de poner a cinco miembros de las distintas subregiones del municipio de Bacalar (hablante de maya yucateco, algunos, incluido su suplente), por vez primera en la historia de Quintana Roo, en su planilla de regidores se encuentra una mujer de origen guatemalteco perseguida por la guerra de exterminio en su país: Eulalia Pedro Mateo. Eulalia, de 39 años, se siente orgullosa de su origen, pero más se siente orgullosa de ser mexicana, de ser bacalareña. Nacida en Huehuetenango, esta “histórica infatigable”[2], que pasó los Cuchumatanes, caminó el Petén con su familia, se adentró a la selva quintanarroense en busca de libertad y seguridad, será la histórica cuarta regidora del municipio de Bacalar, representando a su gente, a sus costumbres, a su pueblo: “mi objetivo es ganar primero, traer luego el apoyo a la gente de guatemaltecos. El PRI siempre ha estado en el poder y no da más que migajas”. Eulalia me habló que ella ha estado en el Tianguis de la 228 de las Torres de Cancún, vendiendo sus productos –verduras, frutas, huevos de patio- y que ella, en la regiduría, tiene como objetivo buscar mercados seguros a su gente para que no los paren los policías y no los hiera el coyotaje.[3]

Con más de 30 mil habitantes, el municipio de Bacalar se vuelve factor principal en esta región, comiendo terrenos de la región cañera y de buena parte de José María Morelos en cuanto al distrito se refiere. Y en este punto entra Tania Casa Madrid. Conocida “hasta por los perros en Bacalar”, el carisma y la belleza de Tania es un imán indiscutible. Ha recorrido casi todo su distrito, y existe una razón de por qué podría ganarlo: la maquinaria priísta está descoyuntada, y aunque sus contricantes Padillas y Radilla – es decir, el primero, un “Juanito” que declinará por el segundo, pepenador mayor del Borgismo si es que obtienen, lo cual dudo, la diputación- cuentan con “la estructura”, en este momento, los joaquinistas, en casi toda la extensión territorial de Quintana Roo, vigilan hasta las carretas que se mueven, conocen de sobra cómo operan los de enfrente. El malestar ciudadano está a la orden del día, hasta el punto de que las propias activistas del PRI no se creen el triunfo. He seguido de cerca, a ras de suelo, esta campaña electoral, y la tónica es el hartazgo por el borgismo y los malos gobiernos priístas. A esto hay que aunarle que Bacalar, el municipio, tal vez se pinte de rojo y amarillo. Y en la región de donde es Linda Cobos, la región cañera, los votos tal vez se dividan entre Tania, Cobos y los siameses Ladillas. En la zona de José María Morelos, las guerras casi intra-tribales de tres cacicazgos –Domingo Flota, Pedro Pérez y la “Cheya” Valadez, sin contar con un “independiente”-, dividirán todavía más el voto verde, y ahí las ladillas saldrán gimoteando.

Entonces, y sólo entonces, con un norte de Quintana Roo ganado por los joaquinistas, con un Othón P. Blanco obtenido por Torres Llanes, con un Bacalar pintado de rojo y amarillo, y con las guerras intra-tribales en “Morelos”, tal vez estemos asistiendo a la caída estrepitosa de la dictadura tropical del priísmo en Quintana Roo. Pero esto que digo, solo son cálculos, apuntes de lo que he venido anotando en mi Diario de Campo. El 5 de junio sabremos si esto es así.

[1] “Correcta y justa”, nueva distritación electoral. Se buscó el equilibrio poblacional como criterio fundamental para la conformación de los XV distritos. Novedades de Quintana Roo, 16 de octubre de 2015.

[2] Cito el trabajo de Eliana Cárdenas Méndez: Esos históricos infatigables: dinámicas migratorias de guatemaltecos en el estado de Quintana Roo 1984-2009, México, Plaza y Valdés, UQROO, Conacyt, COQCYT, 2011.

[3] Diario de Campo. Entrevista con Eulalia Pedro Mateo, 26 de abril de 2016.

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