Sepultan a niña y abuelo asesinados por policías de Veracruz; familiares exigen justicia

Posted on enero 13, 2020, 11:57 am
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VERACRUZ, MX.- Entre reclamos de justicia y sollozos, fueron sepultados María Magdalena, de 11 años, y su abuelo Berllarmino Cardeña, de 63, durante este fin de semana. Ambos fueron asesinados durante una incursión de elementos de Seguridad Pública, en su vivienda en la localidad de Tepetzintla, municipio de Atzalan, publicó La Jornada.

Berllarmino Cardeña era conocido en la región, porque había sido un gestor del pueblo. Hace algunos años había sido Agente Municipal, y había gestionado apoyos para la construcción de una iglesia, y mejoras para la escuela del pueblo.

Y desde hace algunos meses, era coordinador del programa Sembrando Vida, y estaba organizado con otras 21 personas de la localidad, con quienes tenían que sembrar matas de maíz, así como árboles frutales y maderables, como lo contempla el programa.

Genoveva, esposa de Berllarmino y abuela de María Magdalena, relata que la madrugada del jueves, cerca de las 01:30 horas, se despertó al escuchar ruidos afuera de su vivienda.

“Eran como las 01:30 horas, mi esposo, y mis dos nietos: uno de cinco años y María Magdalena, de 11 años, estábamos durmiendo, cuando escuché unos golpes. Desperté a mi esposo, y le dije: se escucha que golpea. Pero él, me dijo que no, que ¡que va a ser!. Y en eso, llegaron a la puerta de donde estábamos durmiendo, y le dieron duro a la puerta”.

Berllarmino Cardeña, grito tres veces, desde el interior de la vivienda: ¿Quién golpea?, ¿quién es? Pero no le contestaron. En la vivienda contigua a la suya, los agresores ya habían sacado de su casa a Alicia, una de las hijas de Berllarmino, que dormía junto a sus hijos.

“Los policías rompieron la puerta con un mazo, me pusieron una pistola en la cabeza, y me pidieron que entregara las armas y el dinero. Yo les dije que no tenía nada de eso. Y me sacaron de la casa, descalza y sin suéter. En el patio, amordazaron a mis hijos y a mi me ataron a un pilar”, cuenta Alicia desde el cementerio, donde acaba de dejar a su padre y María Magdalena.

Desde el interior de su vivienda, Genoveva escuchó a un hombres que le pedía a Alicia que calmara a los niños: “¡cálmalo, cálmalo o lo calmo yo, o lo mato!”.

Berllarmino Cardeña tomó su escopeta, y pertrechó en su vivienda de madera, mientras Genoveva y sus dos nietos se tiraron boca abajo en el piso.

Después de un intercambio de disparos, los policías abrieron la puerta de la habitación, fue entonces cuando María Magdalena, de 11 años, se puso de pie, y un disparo desde el exterior de la vivienda, le dio en la cabeza.

“A mí y a la otra niña de 5 años me sacaron de la vivienda, y me tuvieron como una hora en la calle, hasta que me subieron a una patrulla, me llevaron a las oficinas de la Fuerza Civil de Martínez de la Torre, donde me tuvieron como una hora, y después me dejaron en el DIF de Atzala, donde me atendieron”.

La versión de la familia de Berllarmino Cardeña sobre lo ocurrido la madrugada del jueves en Tepetzintla, Atzalán, dista mucho del informe oficial de Seguridad Pública (SSP), del gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, que narró un enfrentamiento a tiros, en donde habían muerto un hombre y una “mujer”.

Tampoco coincide con la versión del ejecutivo estatal, quien afirmó que los policías estatales ingresaron al domicilio, porque en su interior se habían refugiado un grupo de delincuentes.

Asunción Cortejo, originario de Cruz Gorda y vecino de Tepetzintla, contó desde el sepelio de su amigo que Berllarmino Cardeña estaba entusiasmado con el programa del presidente Andrés Manuel López Obrador.

“En octubre habrían sembrado maíz, ya pronto iba a tener elotes. Él era un hombre de trabajo, tenía su maíz, su café, siempre con el machete en la mano, y trabajaba la agricultura”.

Este fin de semana, en el sepelio de la niña y su abuelo los habitantes de la localidad pidieron justicia.

“Mi niña de 11 años ¿ella que debía? Le dieron un tiro de gracia en la frente como si fuera una delincuente”, dijo Genoveva después del entierro de sus familiares, al que llegaron habitantes de varios pueblos de la región que conocen a los finados. (Fuente: La Jornada)

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