Por Itzel Chan
MÉRIDA, MX.- Mientras el gobierno federal asegura que en Yucatán hay suficiente energía eléctrica y que las denuncias por fallas en el servicio responden a una “campañita” de desinformación, en diversas comunidades del estado la vida transcurre a oscuras. Los apagones, lejos de ser un rumor infundado, forman parte de la realidad cotidiana de miles de familias que padecen calor extremo sin ventiladores, alimentos echados a perder y daños en electrodomésticos por sobrecargas eléctricas.
El fin de semana pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum insistió en que el suministro está garantizado: “Hay suficiente energía eléctrica y habrá más. Viene el gasoducto y una nueva planta de abastecimiento para que no haya engaños o propaganda que no tiene nada que ver con la realidad”. Estas declaraciones fueron hechas desde el sur de la ciudad, en el sitio donde se construye el nuevo Hospital “Agustín O’Horán”, obra que, según anunció, tiene un 76% de avance.
Sin embargo, el contraste entre el discurso oficial y las condiciones reales en zonas como Cheumán, Umán y Kanasín es cada vez más evidente. Vecinos de la comisaría de Cheumán aseguran que los apagones son constantes y prolongados, afectando su calidad de vida y su economía doméstica.
“No tenemos manera de conservar alimentos ni vivir dignamente con estos apagones diarios”, afirmó Cristina Moo Canché, trabajadora doméstica que perdió su refrigerador tras una falla en el voltaje.
“Cheumán es un ejemplo claro de lo que está ocurriendo realmente: cortes constantes, equipos descompuestos y recibos que siguen llegando con cobros elevados”, señaló la investigadora Gina Villagómez Valdés, del Centro de Investigaciones “Hideyo Noguchi” de la UADY, quien ha documentado las afectaciones en esta comunidad.
Añadió que muchas de las familias afectadas carecen de recursos para reponer lo dañado, y tampoco han recibido respuestas efectivas por parte de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
La subcomisaria municipal, Ángela Cumí Aké, confirmó que ha enviado múltiples oficios tanto a la CFE como al Ayuntamiento de Mérida y al Gobierno del Estado, sin éxito.
Ahora, ante la indiferencia institucional, los vecinos se organizan para movilizarse a las oficinas de la paraestatal en busca de soluciones.
Ante la creciente presión ciudadana, esta semana se confirmó la visita a Mérida de Emilia Calleja Alor, directora general de la CFE, quien supervisará obras en la planta Mérida IV —que está en fase de pruebas— y sostendrá un encuentro con medios de comunicación. Se espera que, durante su visita, Calleja no solo informe sobre las inversiones en curso, sino que también aclare el posicionamiento oficial frente a las quejas ciudadanas por los constantes apagones.
En ese contexto, el gobernador del estado, Joaquín “Huacho” Díaz Mena, matizó las declaraciones federales y admitió que sí existen fallas. “Sí hay problemas, y son herencias de décadas pasadas, sobre todo por la falta de mantenimiento en las líneas de transmisión y distribución”, reconoció. Añadió que el gobierno estatal no está negando la situación, sino trabajando en conjunto con la CFE para rehabilitar la infraestructura, que calificó como obsoleta.
Por su parte, Pablo Gamboa Miner, director de la Agencia de Energías del Estado, aclaró que, aunque la planta Mérida IV podría entrar en operación este mismo mes, eso no significará el fin de los apagones, ya que estos obedecen principalmente a deficiencias en la red de distribución.
Pese a las inversiones anunciadas —como los más de 450 millones de dólares en la planta Mérida IV, 762 millones en la de Valladolid y 2,100 millones en la ampliación del gasoducto Cuxtal—, la percepción de la ciudadanía es que las soluciones no están llegando a tiempo ni responden a las necesidades más inmediatas.
La situación ha escalado al punto de que trabajadores de la CFE han sido retenidos por vecinos molestos en distintas zonas del estado. También se han registrado cierres de calles y protestas, particularmente en barrios del sur de Mérida y comunidades del interior.
Para muchas familias yucatecas, el problema de la energía no es político, sino vital. “Esto no es una campaña, es nuestra vida diaria. Queremos soluciones, no discursos”, concluyó Cristina Moo.
Y mientras las autoridades prometen que la luz llegará con nuevas plantas y gasoductos, la oscuridad persiste en los hogares de quienes no pueden esperar a diciembre. (Noticaribe)













